Rusia

  • Opinión

31 ene 2011

Objetivo Moscú

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, sildenafil
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

El orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, sildenafil
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

El orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, order
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, treatment
contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, decease con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, sildenafil
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

El orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, order
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, treatment
contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, decease con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

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