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myddhh-cartel_CASA JUVENTUD_PRIMAVERA_2018

 

Os presentamos las sesiones de

Cine y Derechos Humanos para jóvenes

que vamos a realizar en

Casa de la Juventud.

(abierto a todos los públicos)

Días 8, 9 y 10 de mayo a las 18.30 h

Proyecciones de cortos y debate con personas expertas en las temáticas propuestas:

Violencia contra las mujeres, con Rut Iturbide

Personas que se mueven, con Médicos del Mundo

Ngor (Islam, Islamofobia), con Luis Arellano

Para más información sobre las sesiones, podéis acceder aquí: Sesiones Cine y DDHH para jóvenes

  • Cine

Fotograma de Techo y comida

La XI Muestra de Cine y Derechos Humanos arrancó con la proyección de Techo y comida, orthopedist
la ópera prima del director jerezano Juan Miguel del Castillo, there
que se adelantó en Pamplona unas semanas a su estreno en salas, tras haber pasado con éxito por numerosos festivales.

El filme retrata sin un ápice de dulcificación la crudeza de la exclusión social y, en última instancia, los desahucios. Una realidad que hasta hace pocos días aparecía constantemente en los telediarios, pero que ahora ha sido sepultada por machacones titulares de recuperación económica. Se diría que ver el filme en este 2015 produce hasta cierta sensación de anacronismo, dado ese alud de mensajes optimistas que nos golpea cada día.

Y, sin embargo, esa realidad sigue ahí: el índice europeo Arope nos indica que 3 de cada 10 españoles está en riesgo de pobreza y exclusión social, más de 13,6 millones de personas. Supone un nuevo y triste récord, sumando casi 800.000 personas al dato del informe previo de 2013.

Este informe destaca también que las familias monoparentales son las más afectadas (el 53%, una de cada dos), y alcanza al 36% de los menores de edad españoles (uno de cada tres).

Conociendo estas cifras, el retrato que nos presenta la película vuelve a golpear al espectador desde el presente: Rocío, una joven madre andaluza consigue a duras penas mantener a su hijo Adrián tras 3 años y medio en el paro, 8 meses sin pagar el alquiler, sin apoyo familiar y sin ningún tipo de prestación. Durante los 93 minutos que dura la proyección le vemos batallar en el día a día, ignorando de alguna manera un futuro aún más oscuro (el desahucio y la pérdida de tutela del menor) que confía que nunca le alcance.

Invitados a Techo y comida
German García, segundo por la derecha, productor del filme Techo y comida.

Tras la proyección en los cines Golem, Germán García, productor de Techo y comida, relató cómo es Rocío: “Es un personaje en busca de trabajo para tener una vida normal. Es un personaje digno, pero no de Disney. Una persona dura, cerrada en sí misma, por la vergüenza al fracaso y a no mostrar el no tener los medios para salir adelante.”

Supone también todo ello un retrato de la desigualdad en nuestra sociedad: “No ha tenido las oportunidades que muchos de nosotros hemos podido tener; y como no tiene esos recursos, todo se le hace más complicado”, añadió García. “Nosotros estamos con ella en su cotidianeidad sencilla y humilde –los estudios de su hijo o que no le corten la luz–; pero hay una maquinaria externa a ella, basada en unas leyes, y que nunca vemos en la película, que sigue funcionando. Y llega un día en el que esa maquinaria, que está llegando, cae como una espada de Damocles”.

El productor explicó que al apostar por este proyecto buscaban también crear una película que funcionara hoy por contexto social, pero también en un futuro: “Queríamos que conservara su validez y funcionara más allá del momento coyuntural, y que una persona que la vea dentro de 20 años siguiera sintiendo lo que habéis podido sentir hoy, empatizando con lo que ella está sufriendo, desde dentro”.

Techo y comida se estrena en cines el 4 de diciembre de 2015.
Fotograma de Techo y comida

La XI Muestra de Cine y Derechos Humanos arrancó con la proyección de Techo y comida, Migraine
la ópera prima del director jerezano Juan Miguel del Castillo, look
que se adelantó en Pamplona unas semanas a su estreno en salas, thumb
tras haber pasado con éxito por numerosos festivales.

El filme retrata sin un ápice de dulcificación la crudeza de la exclusión social y, en última instancia, los desahucios. Una realidad que hasta hace pocos días aparecía constantemente en los telediarios, pero que ahora ha sido sepultada por machacones titulares de recuperación económica. Se diría que ver el filme en este 2015 produce hasta cierta sensación de anacronismo, dado ese alud de mensajes optimistas que nos golpea cada día.

Y, sin embargo, esa realidad sigue ahí: el índice europeo Arope nos indica que 3 de cada 10 españoles está en riesgo de pobreza y exclusión social, más de 13,6 millones de personas. Supone un nuevo y triste récord, sumando casi 800.000 personas al dato del informe previo de 2013.

Este informe destaca también que las familias monoparentales son las más afectadas (el 53%, una de cada dos), y alcanza al 36% de los menores de edad españoles (uno de cada tres).

Conociendo estas cifras, el retrato que nos presenta la película vuelve a golpear al espectador desde el presente: Rocío, una joven madre andaluza consigue a duras penas mantener a su hijo Adrián tras 3 años y medio en el paro, 8 meses sin pagar el alquiler, sin apoyo familiar y sin ningún tipo de prestación. Durante los 93 minutos que dura la proyección le vemos batallar en el día a día, ignorando de alguna manera un futuro aún más oscuro (el desahucio y la pérdida de tutela del menor) que confía que nunca le alcance.

Invitados a Techo y comida
German García, segundo por la derecha, productor del filme Techo y comida.

Tras la proyección en los cines Golem, Germán García, productor de Techo y comida, relató cómo es Rocío: “Es un personaje en busca de trabajo para tener una vida normal. Es un personaje digno, pero no de Disney. Una persona dura, cerrada en sí misma, por la vergüenza al fracaso y a no mostrar el no tener los medios para salir adelante.”

Supone también todo ello un retrato de la desigualdad en nuestra sociedad: “No ha tenido las oportunidades que muchos de nosotros hemos podido tener; y como no tiene esos recursos, todo se le hace más complicado”, añadió García. “Nosotros estamos con ella en su cotidianeidad sencilla y humilde –los estudios de su hijo o que no le corten la luz–; pero hay una maquinaria externa a ella, basada en unas leyes, y que nunca vemos en la película, que sigue funcionando. Y llega un día en el que esa maquinaria, que está llegando, cae como una espada de Damocles”.

El productor explicó que al apostar por este proyecto buscaban también crear una película que funcionara hoy por contexto social, pero también en un futuro: “Queríamos que conservara su validez y funcionara más allá del momento coyuntural, y que una persona que la vea dentro de 20 años siguiera sintiendo lo que habéis podido sentir hoy, empatizando con lo que ella está sufriendo, desde dentro”.

Techo y comida se estrena en cines el 4 de diciembre de 2015.
Fotograma de Techo y comida

La XI Muestra de Cine y Derechos Humanos arrancó con la proyección de Techo y comida, health la ópera prima del director jerezano Juan Miguel del Castillo, Hemophilia
que se adelantó en Pamplona unas semanas a su estreno en salas, tras haber pasado con éxito por numerosos festivales.

El filme retrata sin un ápice de dulcificación la crudeza de la exclusión social y, en última instancia, los desahucios. Una realidad que hasta hace pocos días aparecía constantemente en los telediarios, pero que ahora ha sido sepultada por machacones titulares de recuperación económica. Se diría que ver el filme en este 2015 produce hasta cierta sensación de anacronismo, dado ese alud de mensajes optimistas que nos golpea cada día.

Y, sin embargo, esa realidad sigue ahí: el índice europeo Arope nos indica que 3 de cada 10 españoles está en riesgo de pobreza y exclusión social, más de 13,6 millones de personas. Supone un nuevo y triste récord, sumando casi 800.000 personas al dato del informe previo de 2013.

Este informe destaca también que las familias monoparentales son las más afectadas (el 53%, una de cada dos), y alcanza al 36% de los menores de edad españoles (uno de cada tres).

Conociendo estas cifras, el retrato que nos presenta la película vuelve a golpear al espectador desde el presente: Rocío, una joven madre andaluza consigue a duras penas mantener a su hijo Adrián tras 3 años y medio en el paro, 8 meses sin pagar el alquiler, sin apoyo familiar y sin ningún tipo de prestación. Durante los 93 minutos que dura la proyección le vemos batallar en el día a día, ignorando de alguna manera un futuro aún más oscuro (el desahucio y la pérdida de tutela del menor) que confía que nunca le alcance.

Invitados a Techo y comida
De izda. a dcha. Arturo Cisneros (productor navarro del documental Ya sé dónde está el dinero, mami), Begoña Arrondo (IPES Elkartea), Germán García (productor del filme Techo y comida) y Susana Irisarri (Área de Cooperación Universitaria para el Desarrollo, UPNA).

Tras la proyección en los cines Golem, Germán García, productor de Techo y comida, relató cómo es Rocío: “Es un personaje en busca de trabajo para tener una vida normal. Es un personaje digno, pero no de Disney. Una persona dura, cerrada en sí misma, por la vergüenza al fracaso y a no mostrar el no tener los medios para salir adelante.”

Supone también todo ello un retrato de la desigualdad en nuestra sociedad: “No ha tenido las oportunidades que muchos de nosotros hemos podido tener; y como no tiene esos recursos, todo se le hace más complicado”, añadió García. “Nosotros estamos con ella en su cotidianeidad sencilla y humilde –los estudios de su hijo o que no le corten la luz–; pero hay una maquinaria externa a ella, basada en unas leyes, y que nunca vemos en la película, que sigue funcionando. Y llega un día en el que esa maquinaria, que está llegando, cae como una espada de Damocles”.

El productor explicó que al apostar por este proyecto buscaban también crear una película que funcionara hoy por contexto social, pero también en un futuro: “Queríamos que conservara su validez y funcionara más allá del momento coyuntural, y que una persona que la vea dentro de 20 años siguiera sintiendo lo que habéis podido sentir hoy, empatizando con lo que ella está sufriendo, desde dentro”.

Techo y comida se estrena en cines el 4 de diciembre de 2015.
Fotograma de Techo y comida

La XI Muestra de Cine y Derechos Humanos arrancó con la proyección de Techo y comida, Syphilis
la ópera prima del director jerezano Juan Miguel del Castillo, gerontologist
que se adelantó en Pamplona unas semanas a su estreno en salas, tras haber pasado con éxito por numerosos festivales.

El filme retrata sin un ápice de dulcificación la crudeza de la exclusión social y, en última instancia, los desahucios. Una realidad que hasta hace pocos días aparecía constantemente en los telediarios, pero que ahora ha sido sepultada por machacones titulares de recuperación económica. Se diría que ver el filme en este 2015 produce hasta cierta sensación de anacronismo, dado ese alud de mensajes optimistas que nos golpea cada día.

Y, sin embargo, esa realidad sigue ahí: el índice europeo Arope nos indica que 3 de cada 10 españoles está en riesgo de pobreza y exclusión social, más de 13,6 millones de personas. Supone un nuevo y triste récord, sumando casi 800.000 personas al dato del informe previo de 2013.

Este informe destaca también que las familias monoparentales son las más afectadas (el 53%, una de cada dos), y alcanza al 36% de los menores de edad españoles (uno de cada tres).

Conociendo estas cifras, el retrato que nos presenta la película vuelve a golpear al espectador desde el presente: Rocío, una joven madre andaluza consigue a duras penas mantener a su hijo Adrián tras 3 años y medio en el paro, 8 meses sin pagar el alquiler, sin apoyo familiar y sin ningún tipo de prestación. Durante los 93 minutos que dura la proyección le vemos batallar en el día a día, ignorando de alguna manera un futuro aún más oscuro (el desahucio y la pérdida de tutela del menor) que confía que nunca le alcance.

Invitados a Techo y comida
De izda. a dcha. Arturo Cisneros (productor navarro del documental Ya sé dónde está el dinero, mami), Begoña Arrondo (IPES Elkartea), Germán García (productor del filme Techo y comida) y Susana Irisarri (Área de Cooperación Universitaria para el Desarrollo, UPNA).

Tras la proyección en los cines Golem, Germán García, productor de Techo y comida, relató cómo es Rocío: “Es un personaje en busca de trabajo para tener una vida normal. Es un personaje digno, pero no de Disney. Una persona dura, cerrada en sí misma, por la vergüenza al fracaso y a no mostrar el no tener los medios para salir adelante.”

Supone también todo ello un retrato de la desigualdad en nuestra sociedad: “No ha tenido las oportunidades que muchos de nosotros hemos podido tener; y como no tiene esos recursos, todo se le hace más complicado”, añadió García. “Nosotros estamos con ella en su cotidianeidad sencilla y humilde –los estudios de su hijo o que no le corten la luz–; pero hay una maquinaria externa a ella, basada en unas leyes, y que nunca vemos en la película, que sigue funcionando. Y llega un día en el que esa maquinaria, que está llegando, cae como una espada de Damocles”.

El productor explicó que al apostar por este proyecto buscaban también crear una película que funcionara hoy por contexto social, pero también en un futuro: “Queríamos que conservara su validez y funcionara más allá del momento coyuntural, y que una persona que la vea dentro de 20 años siguiera sintiendo lo que habéis podido sentir hoy, empatizando con lo que ella está sufriendo, desde dentro”.

Techo y comida se estrena en cines el 4 de diciembre de 2015.
Malala

Como parte de las sesiones formativas para Centros de Enseñanza Media, ask la segunda jornada de la XI Muestra de Cine y Derechos Humanos de Pamplona proyectó Él me llamó Malala, documental sobre la joven activista pakistaní que sobrevivió al atentado de los talibanes cuando iba a la escuela.

El proyecto, rodado por el oscarizado Davis Guggenheim, contrapone la actual vida de Malala Yousafzai en Reino Unido con sus vivencias durante el ascenso al poder de los talibanes en su natal Valle de Swat (Pakistán). El nexo de ambas experiencias vitales es el de una joven que, en un país y en otro, no ha dejado de asistir al colegio y ha seguido luchando por el derecho de las mujeres a tener una educación desde su infancia.

Según refleja la Fundación Malala, más de 60 millones de niñas en el mundo son privadas de la oportunidad de ir al colegio, la mitad de ellas ni siquiera pueden contar con la enseñanza más básica de primaria. “La violencia a la que se enfrentan las niñas en 70 países les impide ir al colegio”.

El mensaje de Malala es claro: “La escuela me daba esperanza y construirá mi futuro”; por eso cuando los talibanes empezaron a destruir colegios y finalmente prohibieron a las niñas asistir a los pocos que dejaron en pie, ella lo tuvo claro: “Hay momentos en los que hay que decidir si quedarse callado o mantenerse de pie. Nuestros libros y bolígrafos son las armas más poderosas”.

Su padre, Ziauddin Yousafzai, quien fuera profesor en Pakistán, incide en la idea: “La educación te da el poder para ser independiente”, de ahí que los talibanes ataquen la cultura. Sus imposiciones “no tienen que ver con la fe sino con [el intento de mantener] el poder… Son los enemigos del Islam”, recalca en el documental.

Durante su intervención posterior a la proyección del filme, Luis Arellano, de Nosolofilms, lanzó varias preguntas de compleja respuesta al alumnado de secundaria presente, a fin de hacer reflexionar sobre los roles masculinos y femeninos, así como analizar qué postura adoptar cuando el derecho a la educación es amenazado. Además, debatió sobre la fuerza de las tradiciones frente a los derechos humanos en culturas más allá de Occidente, pero también del laxo cumplimiento de algunos de estos derechos en la propia Europa.

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Imagen de la película "Tralas luces"

La crisis económica y social se extiende y agrava, plague especialmente entre los sectores de población más vulnerables: mujeres, personas mayores, minorías étnicas, personas con discapacidad…El desempleo, los desahucios, los recortes de los presupuestos públicos…crecen y con ellos la el empobrecimiento y la marginación. Pero, también, aumentan las movilizaciones y las protestas. En la semana de los Derechos Humanos son imprescindibles la reflexión, la denuncia y las alternativas.

  • El 11 de diciembre, martes, podremos ver la película ‘TRALAS LUCES‘, de Sandra Sánchez (España/Argentina/Portugal, 2011). Contaremos con Sara Giménez, abogada, responsable del Área de Igualdad. Fundación Secretariado Gitano.
  • El 12 de diciembre, miércoles, analizaremos la ecología política y el ecofeminismo como transformación social de la mano de Yayo Herrero (licenciada en antropología social y cultural. Pesidenta de FUHEM Ecosocial).

>> Consulta toda la información en la página web
Imágenes de las películas que se proyectarán en la actividad

En 2001 las mujeres afganas se sitúan por primera vez detrás de la cámara para dejar constancia de una cinematografía comprometida con su propio destino. Os presentamos distintas experiencias de resistencia femenina, phthisiatrician
a través del cine, prostate
charla y debates que mantendremos con una de sus directoras. Será el 19 y 20 de diciembre.

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Cartel de la VIII Muestra El Cine, <a href=prescription el Mundo y los Derechos Humanos” title=”Cartel de la VIII Muestra El Cine, misbirth el Mundo y los Derechos Humanos” width=”540″ height=”211″ class=”aligncenter size-full wp-image-1526″ />

El Islam y los islamismos en el Magreb, look la pedagogía para cambiar la vida, las migraciones, la pena de muerte y la indefensión jurídica o la resistencia y lucha de las mujeres en Palestina son algunos de los aspectos que abordará la VIII Muestra de cine “El Mundo y los Derechos Humanos” que tendrá lugar del 18 al 24 de mayo en los Cines Golem Baiona de Pamplona, organizada por IPES, Amnistía Internacional, Golem y la Fundación Rinaldi. La Muestra cuenta con la colaboración del Gobierno de Navarra, de la Asociación Biladi palestina (Bilabo) y Diario de Noticias.

La Muestra une la proyección en cines con la reflexión sobre los derechos humanos y la actualidad internacional desde la perspectiva de diferentes culturas

En ella se proyectarán las películas PROFESOR LAZHAR de Philippe Falardeau (Canadá, 2011), A JAMÂA (LA MEZQUITA) (Marruecos/Francia) de Aoulad-Syad Daoud, y THE INVADER (EL INVASOR) (Bélgica) de Nicholas Provost. El miércoles tendremos una sesión de documentales sobre la resistencia y lucha de las mujeres palestinas con STRANGER IN MY HOME de Sahera Dirbas y WOMEN IN STRUGGLE (MUJERES EN LUCHA) de Buthina Canaan Khoury. La Muestra la cerrará la película norteamericana RÍNDETE MAÑANA de Michael Collins. Una de las características diferenciales de la Muestra es que une la proyección en la sala de cine con la reflexión sobre los derechos humanos y la actualidad internacional desde la perspectiva de diferentes culturas.

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  • Opinión

Militares golpistas de Malí

Los soldados golpistas de Malí no tenían futuro tras la condena y el embargo impuestos por los países vecinos de la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO), population health
apoyada por Francia, sovaldi sale
antigua potencia colonial. Uno de los objetivos de la junta del capitán Sanogo era contrarrestar la insurrección armada de los tuaregs. Pero las milicias del Movimiento Nacional del Azawad (MNLA) y del grupo yihadista Insar Dine, además de Al Qaeda del Magreb (AQMI), han aprovechado el caos en la capital Bamako para lanzar una rápida ofensiva y llegar hasta Tombuctú, la ciudad de los 333 santos del islam, encrucijada religiosa, cultural, de las redes comerciales y de las migraciones que atraviesan el Sáhara. Sin experiencia, liderazgo y alianzas políticas internas, el directorio militar ha sido aislado y derrotado.
Ahora, la quiebra del Estado maliense exige unidad, fortaleza y no disputas internas. Porque el problema más importante de Malí es su práctica ruptura, una vez que el MNLA ha declarado la independencia de Azawad, el “territorio de la trashumancia”, en la mitad norte del país.
La escasa beligerancia del presidente derrocado, Amadou Toumani Touré (denominado ATT) ante los rebeldes, la delincuencia y el narcotráfico y el desvío a manos privadas de los fondos para la guerra figuran entre las causas del golpe. Su detonante más inmediato fueron las protestas de las mujeres de los soldados – víctimas en los combates – que reclamaron más suministros en armas y alimentos.
Sin embargo, la crisis de Malí refleja otros problemas más profundos del país, trasladables a buena parte de África: estados patrimoniales, militarismo, empobrecimiento e injerencias extranjeras
ATT acabó en 1991 con la dictadura de 23 años dirigida por Moussa Traoré. Luego, cambió el uniforme por el traje de civil y desde 2002 ganó dos elecciones. Emprendió reformas y planes de desarrollo. El multipartidismo sustituyó al partido único. Pero, al cabo de los años, la peculiar “política del consenso” de ATT, ha significado un claro retroceso de la democracia. Nuevas estructuras burocráticas dieron lugar al clientelismo. En aras del lema “amigo de todos y nadie como enemigo” los pactos fagocitaron a casi toda la clase política y consolidaron una jefatura del Estado paternalista. El poder político y económico acabó confiscado por el grupo social y militar partidario de ATT. Con la excusa de que la construcción nacional requiere unanimidad, se compró a los medios de comunicación y las voces discordantes desaparecieron por la fuerza. La máxima africana “no puede haber dos caimanes machos en un solo brazo de un río” se impuso en Malí a la tesis de que el buen gobierno precisa una oposición sólida y viva.
Muchas fronteras de África separan pueblos, culturas, etnias, clanes y formas de vida. Son resultado de una descolonización cuyo propósito fue crear estados frágiles y dependientes para que las metrópolis (sobre todo París con la red Françafrique) mantuvieran su influencia política y económica. Los tuaregs son un ejemplo, distribuidos en Argelia, Níger, Chad, Mauritania, Burkina y Malí, países en los que han protagonizado varias rebeliones. Los diversos gobiernos centralistas de Bamako han marginado a la población tuareg: mínimo acceso al empleo en la administración; abandono cultural; juventud sin trabajo y educación; precariedad en las condiciones de vida y escasa representación institucional. Las organizaciones tuareg han reivindicado al menos el reconocimiento de su identidad cultural y un reparto más igualitario de los recursos de Malí. Ante la negativa como respuesta, proclamaron el derecho a la autodeterminación y ahora la independencia.
En la medida que las formaciones estatales postcoloniales obedecieron más a las antiguas posesiones de las potencias occidentales y a sus intereses y los de las nuevas elites africanas que a la decisión libre a sus poblaciones, podría revisarse el principio de inmovilidad de las fronteras. En los años 50, Francia jugó con el proyecto de un Estado sahariano que incluyera Malí, Níger, Chad y el sur de Argelia. Eritrea y Sudán del Sur son estados recientes reconocidos internacionalmente. En Somalia, Puntlandia y Somalilandia van por libre. No obstante, es obligado comprobar también que la disgregación de los países ya establecidos en África puede acarrear más conflictos que ventajas: desplazamientos forzados; reanudación de la violencia; regímenes donde las identidades étnicas, clánicas, lingüísticas, culturales y religiosas excluyan al resto y nieguen los derechos de ciudadanía de todas las poblaciones en términos de igualdad. Añadamos las dificultades que se pueden generar para una integración económica imprescindible y nuevas ataduras a potencias externas.
Los militares africanos son actores principales de tablero político por su organización jerárquica y una posición de fuerza al controlar las armas. Desde las independencias, hace 51 años, ha habido 34 pronunciamientos en África Occidental. La excusa de salvar el país ha permitido restaurar autocracias. Muchos ejércitos son sinónimo de represión de sus poblaciones y actúan al dictado de los líderes de sus clanes. En Malí la oficialidad se hereda y el reclutamiento responde a la necesidad de obtener un trabajo para salir del paro endémico más que a la convicción de ser un instrumento para la defensa nacional. Las fuerzas armadas malienses reflejan el malestar general del país. La distancia de la clase política y los oficiales de alta graduación respecto a la sociedad y en ella los soldados con sus mandos de menor rango es enorme y reveladora. De hecho, ningún comandante, coronel y general se sumaron al golpe.
Alrededor de la mitad de la población maliense sobrevive con 1,25 dólares. Sólo cuenta con 439 unidades industriales, mientras Costa de Marfil posee 6.000 y Senegal 4.000. Sin embargo, Malí dispone de recursos: es el primer productor de algodón al sur del Sáhara y el 12º mundial (2004). Produce legumbres, cereales y frutas. Su cabaña ganadera supera en cantidad a sus habitantes (15 millones de personas) y el oro representa el 75 % de sus exportaciones. Otros minerales están sin explotar. Pero, la mayor parte de sus productos no se destinan al comercio local y a la autosubsistencia, sino a la exportación. Los precios se fijan en los mercados internacionales no en Bamako. La devaluación del franco CFA a finales de los años 90 impidió la acumulación de capital destinado a inversiones endógenas. La política de ajuste estructural, exigida por las instituciones financieras internacionales, liquidó empresas públicas, las subvenciones a los productos básicos para la alimentación y originó una elite empresarial poco emprendedora y ligada a las compañías extranjeras, que no han reinvertido en Malí sus beneficios. Completan el empobrecimiento, el hundimiento de los precios del algodón en 2005; la corrupción a pequeña escala en la vida diaria y a mayor nivel en el gobierno y el descenso de las remesas de la emigración debido a la crisis económica en Europa. A pesar de todo, sobresalen iniciativas de cooperación internacional al desarrollo: Entre 2008 y 2011, Navarra ha destinado alrededor de 2,6 millones de euros para ocho proyectos de cuatro ONGds, dedicados a salud, agua, infraestructuras…Algunos de ellos se encuentran en plena zona bélica.
Después de la división de Malí, la prioridad de los estados vecinos y de Francia es garantizar la seguridad regional. El primer paso ha sido el pacto con los militares sublevados, el traspaso del poder al presidente de la Cámara, como señala la Constitución, y la convocatoria de nuevos comicios. Se perfila la creación de una zona de interposición en la frontera, marcada por el levantamiento en el norte de Malí. La negociación con los tuareg será más complicada, si el MNLA no se enfrenta a los yihadistas de Insar Dine y a los seguidores de Al Qaeda y controla el tráfico de armas y droga en este territorio. En todo caso, la independencia de Azawad es un hecho consumado, difícil de evitar salvo con otra guerra. Pero, el enemigo principal son los grupos yihadistas desde Malí a Somalia y del sur de Argelia al norte de Nigeria. Cada uno de ellos con sus ambiciones locales, si bien con la idea común de imponer una interpretación del islam intolerante y violenta. Los dirigentes de la CEDEAO hablan de organizar una fuerza militar de 3.000 soldados dispuestos a intervenir. No es tan sencillo. Faltan medios, una tradición militar común, estructura y dinero. Francia podría asegurar la logística, a cambio de abrir una base en Malí que sumar a las de Burkina, Chad y Yibuti, pero debe limitar sus exigencias, en pleno tiempo electoral, porque correría peligro la vida de sus nacionales secuestrados. Estados Unidos siempre ha querido trasladar el mando militar de Africom de Alemania a esta zona de África y participar en operaciones contra el terrorismo yihadista. Chocan con Argelia, que rechaza cualquier injerencia en su área de influencia y quiere el mando con la intención de impedir que esta región se parezca cada vez ma? a las zonas tribales afgano-pakistaníes.
El Sahel se configura desde hace años, y ahora con toda claridad, como un escenario geográfico en disputa. Mejor sería que los recursos económicos para los despliegues armados se destinaran a prevenirlos y a contener la hambruna que empieza a extenderse por aquellas tierras.

Sankoré mosque, Timbuktu

Militares golpistas de Malí

Los soldados golpistas de Malí no tenían futuro tras la condena y el embargo impuestos por los países vecinos de la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO), herpes
apoyada por Francia, antigua potencia colonial. Uno de los objetivos de la junta del capitán Sanogo era contrarrestar la insurrección armada de los tuaregs. Pero las milicias del Movimiento Nacional del Azawad (MNLA) y del grupo yihadista Insar Dine, además de Al Qaeda del Magreb (AQMI), han aprovechado el caos en la capital Bamako para lanzar una rápida ofensiva y llegar hasta Tombuctú, la ciudad de los 333 santos del islam, encrucijada religiosa, cultural, de las redes comerciales y de las migraciones que atraviesan el Sáhara. Sin experiencia, liderazgo y alianzas políticas internas, el directorio militar ha sido aislado y derrotado.
Ahora, la quiebra del Estado maliense exige unidad, fortaleza y no disputas internas. Porque el problema más importante de Malí es su práctica ruptura, una vez que el MNLA ha declarado la independencia de Azawad, el “territorio de la trashumancia”, en la mitad norte del país.
La escasa beligerancia del presidente derrocado, Amadou Toumani Touré (denominado ATT) ante los rebeldes, la delincuencia y el narcotráfico y el desvío a manos privadas de los fondos para la guerra figuran entre las causas del golpe. Su detonante más inmediato fueron las protestas de las mujeres de los soldados – víctimas en los combates – que reclamaron más suministros en armas y alimentos.
Sin embargo, la crisis de Malí refleja otros problemas más profundos del país, trasladables a buena parte de África: estados patrimoniales, militarismo, empobrecimiento e injerencias extranjeras
ATT acabó en 1991 con la dictadura de 23 años dirigida por Moussa Traoré. Luego, cambió el uniforme por el traje de civil y desde 2002 ganó dos elecciones. Emprendió reformas y planes de desarrollo. El multipartidismo sustituyó al partido único. Pero, al cabo de los años, la peculiar “política del consenso” de ATT, ha significado un claro retroceso de la democracia. Nuevas estructuras burocráticas dieron lugar al clientelismo. En aras del lema “amigo de todos y nadie como enemigo” los pactos fagocitaron a casi toda la clase política y consolidaron una jefatura del Estado paternalista. El poder político y económico acabó confiscado por el grupo social y militar partidario de ATT. Con la excusa de que la construcción nacional requiere unanimidad, se compró a los medios de comunicación y las voces discordantes desaparecieron por la fuerza. La máxima africana “no puede haber dos caimanes machos en un solo brazo de un río” se impuso en Malí a la tesis de que el buen gobierno precisa una oposición sólida y viva.
Muchas fronteras de África separan pueblos, culturas, etnias, clanes y formas de vida. Son resultado de una descolonización cuyo propósito fue crear estados frágiles y dependientes para que las metrópolis (sobre todo París con la red Françafrique) mantuvieran su influencia política y económica. Los tuaregs son un ejemplo, distribuidos en Argelia, Níger, Chad, Mauritania, Burkina y Malí, países en los que han protagonizado varias rebeliones. Los diversos gobiernos centralistas de Bamako han marginado a la población tuareg: mínimo acceso al empleo en la administración; abandono cultural; juventud sin trabajo y educación; precariedad en las condiciones de vida y escasa representación institucional. Las organizaciones tuareg han reivindicado al menos el reconocimiento de su identidad cultural y un reparto más igualitario de los recursos de Malí. Ante la negativa como respuesta, proclamaron el derecho a la autodeterminación y ahora la independencia.
En la medida que las formaciones estatales postcoloniales obedecieron más a las antiguas posesiones de las potencias occidentales y a sus intereses y los de las nuevas elites africanas que a la decisión libre a sus poblaciones, podría revisarse el principio de inmovilidad de las fronteras. En los años 50, Francia jugó con el proyecto de un Estado sahariano que incluyera Malí, Níger, Chad y el sur de Argelia. Eritrea y Sudán del Sur son estados recientes reconocidos internacionalmente. En Somalia, Puntlandia y Somalilandia van por libre. No obstante, es obligado comprobar también que la disgregación de los países ya establecidos en África puede acarrear más conflictos que ventajas: desplazamientos forzados; reanudación de la violencia; regímenes donde las identidades étnicas, clánicas, lingüísticas, culturales y religiosas excluyan al resto y nieguen los derechos de ciudadanía de todas las poblaciones en términos de igualdad. Añadamos las dificultades que se pueden generar para una integración económica imprescindible y nuevas ataduras a potencias externas.
Los militares africanos son actores principales de tablero político por su organización jerárquica y una posición de fuerza al controlar las armas. Desde las independencias, hace 51 años, ha habido 34 pronunciamientos en África Occidental. La excusa de salvar el país ha permitido restaurar autocracias. Muchos ejércitos son sinónimo de represión de sus poblaciones y actúan al dictado de los líderes de sus clanes. En Malí la oficialidad se hereda y el reclutamiento responde a la necesidad de obtener un trabajo para salir del paro endémico más que a la convicción de ser un instrumento para la defensa nacional. Las fuerzas armadas malienses reflejan el malestar general del país. La distancia de la clase política y los oficiales de alta graduación respecto a la sociedad y en ella los soldados con sus mandos de menor rango es enorme y reveladora. De hecho, ningún comandante, coronel y general se sumaron al golpe.

Mezquita Sankore en Tombuctú, Malí, por **El-Len**
Alrededor de la mitad de la población maliense sobrevive con 1,25 dólares. Sólo cuenta con 439 unidades industriales, mientras Costa de Marfil posee 6.000 y Senegal 4.000. Sin embargo, Malí dispone de recursos: es el primer productor de algodón al sur del Sáhara y el 12º mundial (2004). Produce legumbres, cereales y frutas. Su cabaña ganadera supera en cantidad a sus habitantes (15 millones de personas) y el oro representa el 75 % de sus exportaciones. Otros minerales están sin explotar. Pero, la mayor parte de sus productos no se destinan al comercio local y a la autosubsistencia, sino a la exportación. Los precios se fijan en los mercados internacionales no en Bamako. La devaluación del franco CFA a finales de los años 90 impidió la acumulación de capital destinado a inversiones endógenas. La política de ajuste estructural, exigida por las instituciones financieras internacionales, liquidó empresas públicas, las subvenciones a los productos básicos para la alimentación y originó una elite empresarial poco emprendedora y ligada a las compañías extranjeras, que no han reinvertido en Malí sus beneficios. Completan el empobrecimiento, el hundimiento de los precios del algodón en 2005; la corrupción a pequeña escala en la vida diaria y a mayor nivel en el gobierno y el descenso de las remesas de la emigración debido a la crisis económica en Europa. A pesar de todo, sobresalen iniciativas de cooperación internacional al desarrollo: Entre 2008 y 2011, Navarra ha destinado alrededor de 2,6 millones de euros para ocho proyectos de cuatro ONGds, dedicados a salud, agua, infraestructuras…Algunos de ellos se encuentran en plena zona bélica.
Después de la división de Malí, la prioridad de los estados vecinos y de Francia es garantizar la seguridad regional. El primer paso ha sido el pacto con los militares sublevados, el traspaso del poder al presidente de la Cámara, como señala la Constitución, y la convocatoria de nuevos comicios. Se perfila la creación de una zona de interposición en la frontera, marcada por el levantamiento en el norte de Malí. La negociación con los tuareg será más complicada, si el MNLA no se enfrenta a los yihadistas de Insar Dine y a los seguidores de Al Qaeda y controla el tráfico de armas y droga en este territorio. En todo caso, la independencia de Azawad es un hecho consumado, difícil de evitar salvo con otra guerra. Pero, el enemigo principal son los grupos yihadistas desde Malí a Somalia y del sur de Argelia al norte de Nigeria. Cada uno de ellos con sus ambiciones locales, si bien con la idea común de imponer una interpretación del islam intolerante y violenta. Los dirigentes de la CEDEAO hablan de organizar una fuerza militar de 3.000 soldados dispuestos a intervenir. No es tan sencillo. Faltan medios, una tradición militar común, estructura y dinero. Francia podría asegurar la logística, a cambio de abrir una base en Malí que sumar a las de Burkina, Chad y Yibuti, pero debe limitar sus exigencias, en pleno tiempo electoral, porque correría peligro la vida de sus nacionales secuestrados. Estados Unidos siempre ha querido trasladar el mando militar de Africom de Alemania a esta zona de África y participar en operaciones contra el terrorismo yihadista. Chocan con Argelia, que rechaza cualquier injerencia en su área de influencia y quiere el mando con la intención de impedir que esta región se parezca cada vez ma? a las zonas tribales afgano-pakistaníes.
El Sahel se configura desde hace años, y ahora con toda claridad, como un escenario geográfico en disputa. Mejor sería que los recursos económicos para los despliegues armados se destinaran a prevenirlos y a contener la hambruna que empieza a extenderse por aquellas tierras.
Militares golpistas de Malí

Los soldados golpistas de Malí no tenían futuro tras la condena y el embargo impuestos por los países vecinos de la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO), sovaldi apoyada por Francia, antigua potencia colonial. Uno de los objetivos de la junta del capitán Sanogo era contrarrestar la insurrección armada de los tuaregs. Pero las milicias del Movimiento Nacional del Azawad (MNLA) y del grupo yihadista Insar Dine, además de Al Qaeda del Magreb (AQMI), han aprovechado el caos en la capital Bamako para lanzar una rápida ofensiva y llegar hasta Tombuctú, la ciudad de los 333 santos del islam, encrucijada religiosa, cultural, de las redes comerciales y de las migraciones que atraviesan el Sáhara. Sin experiencia, liderazgo y alianzas políticas internas, el directorio militar ha sido aislado y derrotado.
Ahora, la quiebra del Estado maliense exige unidad, fortaleza y no disputas internas. Porque el problema más importante de Malí es su práctica ruptura, una vez que el MNLA ha declarado la independencia de Azawad, el “territorio de la trashumancia”, en la mitad norte del país.
La escasa beligerancia del presidente derrocado, Amadou Toumani Touré (denominado ATT) ante los rebeldes, la delincuencia y el narcotráfico y el desvío a manos privadas de los fondos para la guerra figuran entre las causas del golpe. Su detonante más inmediato fueron las protestas de las mujeres de los soldados – víctimas en los combates – que reclamaron más suministros en armas y alimentos.
Sin embargo, la crisis de Malí refleja otros problemas más profundos del país, trasladables a buena parte de África: estados patrimoniales, militarismo, empobrecimiento e injerencias extranjeras
ATT acabó en 1991 con la dictadura de 23 años dirigida por Moussa Traoré. Luego, cambió el uniforme por el traje de civil y desde 2002 ganó dos elecciones. Emprendió reformas y planes de desarrollo. El multipartidismo sustituyó al partido único. Pero, al cabo de los años, la peculiar “política del consenso” de ATT, ha significado un claro retroceso de la democracia. Nuevas estructuras burocráticas dieron lugar al clientelismo. En aras del lema “amigo de todos y nadie como enemigo” los pactos fagocitaron a casi toda la clase política y consolidaron una jefatura del Estado paternalista. El poder político y económico acabó confiscado por el grupo social y militar partidario de ATT. Con la excusa de que la construcción nacional requiere unanimidad, se compró a los medios de comunicación y las voces discordantes desaparecieron por la fuerza. La máxima africana “no puede haber dos caimanes machos en un solo brazo de un río” se impuso en Malí a la tesis de que el buen gobierno precisa una oposición sólida y viva.
Muchas fronteras de África separan pueblos, culturas, etnias, clanes y formas de vida. Son resultado de una descolonización cuyo propósito fue crear estados frágiles y dependientes para que las metrópolis (sobre todo París con la red Françafrique) mantuvieran su influencia política y económica. Los tuaregs son un ejemplo, distribuidos en Argelia, Níger, Chad, Mauritania, Burkina y Malí, países en los que han protagonizado varias rebeliones. Los diversos gobiernos centralistas de Bamako han marginado a la población tuareg: mínimo acceso al empleo en la administración; abandono cultural; juventud sin trabajo y educación; precariedad en las condiciones de vida y escasa representación institucional. Las organizaciones tuareg han reivindicado al menos el reconocimiento de su identidad cultural y un reparto más igualitario de los recursos de Malí. Ante la negativa como respuesta, proclamaron el derecho a la autodeterminación y ahora la independencia.
En la medida que las formaciones estatales postcoloniales obedecieron más a las antiguas posesiones de las potencias occidentales y a sus intereses y los de las nuevas elites africanas que a la decisión libre a sus poblaciones, podría revisarse el principio de inmovilidad de las fronteras. En los años 50, Francia jugó con el proyecto de un Estado sahariano que incluyera Malí, Níger, Chad y el sur de Argelia. Eritrea y Sudán del Sur son estados recientes reconocidos internacionalmente. En Somalia, Puntlandia y Somalilandia van por libre. No obstante, es obligado comprobar también que la disgregación de los países ya establecidos en África puede acarrear más conflictos que ventajas: desplazamientos forzados; reanudación de la violencia; regímenes donde las identidades étnicas, clánicas, lingüísticas, culturales y religiosas excluyan al resto y nieguen los derechos de ciudadanía de todas las poblaciones en términos de igualdad. Añadamos las dificultades que se pueden generar para una integración económica imprescindible y nuevas ataduras a potencias externas.
Los militares africanos son actores principales de tablero político por su organización jerárquica y una posición de fuerza al controlar las armas. Desde las independencias, hace 51 años, ha habido 34 pronunciamientos en África Occidental. La excusa de salvar el país ha permitido restaurar autocracias. Muchos ejércitos son sinónimo de represión de sus poblaciones y actúan al dictado de los líderes de sus clanes. En Malí la oficialidad se hereda y el reclutamiento responde a la necesidad de obtener un trabajo para salir del paro endémico más que a la convicción de ser un instrumento para la defensa nacional. Las fuerzas armadas malienses reflejan el malestar general del país. La distancia de la clase política y los oficiales de alta graduación respecto a la sociedad y en ella los soldados con sus mandos de menor rango es enorme y reveladora. De hecho, ningún comandante, coronel y general se sumaron al golpe.

Mezquita Sankore en Tombuctú, Malí, por **El-Len**
Alrededor de la mitad de la población maliense sobrevive con 1,25 dólares. Sólo cuenta con 439 unidades industriales, mientras Costa de Marfil posee 6.000 y Senegal 4.000. Sin embargo, Malí dispone de recursos: es el primer productor de algodón al sur del Sáhara y el 12º mundial (2004). Produce legumbres, cereales y frutas. Su cabaña ganadera supera en cantidad a sus habitantes (15 millones de personas) y el oro representa el 75 % de sus exportaciones. Otros minerales están sin explotar. Pero, la mayor parte de sus productos no se destinan al comercio local y a la autosubsistencia, sino a la exportación. Los precios se fijan en los mercados internacionales no en Bamako. La devaluación del franco CFA a finales de los años 90 impidió la acumulación de capital destinado a inversiones endógenas. La política de ajuste estructural, exigida por las instituciones financieras internacionales, liquidó empresas públicas, las subvenciones a los productos básicos para la alimentación y originó una elite empresarial poco emprendedora y ligada a las compañías extranjeras, que no han reinvertido en Malí sus beneficios. Completan el empobrecimiento, el hundimiento de los precios del algodón en 2005; la corrupción a pequeña escala en la vida diaria y a mayor nivel en el gobierno y el descenso de las remesas de la emigración debido a la crisis económica en Europa. A pesar de todo, sobresalen iniciativas de cooperación internacional al desarrollo: Entre 2008 y 2011, Navarra ha destinado alrededor de 2,6 millones de euros para ocho proyectos de cuatro ONGds, dedicados a salud, agua, infraestructuras…Algunos de ellos se encuentran en plena zona bélica.
Después de la división de Malí, la prioridad de los estados vecinos y de Francia es garantizar la seguridad regional. El primer paso ha sido el pacto con los militares sublevados, el traspaso del poder al presidente de la Cámara, como señala la Constitución, y la convocatoria de nuevos comicios. Se perfila la creación de una zona de interposición en la frontera, marcada por el levantamiento en el norte de Malí. La negociación con los tuareg será más complicada, si el MNLA no se enfrenta a los yihadistas de Insar Dine y a los seguidores de Al Qaeda y controla el tráfico de armas y droga en este territorio. En todo caso, la independencia de Azawad es un hecho consumado, difícil de evitar salvo con otra guerra. Pero, el enemigo principal son los grupos yihadistas desde Malí a Somalia y del sur de Argelia al norte de Nigeria. Cada uno de ellos con sus ambiciones locales, si bien con la idea común de imponer una interpretación del islam intolerante y violenta. Los dirigentes de la CEDEAO hablan de organizar una fuerza militar de 3.000 soldados dispuestos a intervenir. No es tan sencillo. Faltan medios, una tradición militar común, estructura y dinero. Francia podría asegurar la logística, a cambio de abrir una base en Malí que sumar a las de Burkina, Chad y Yibuti, pero debe limitar sus exigencias, en pleno tiempo electoral, porque correría peligro la vida de sus nacionales secuestrados. Estados Unidos siempre ha querido trasladar el mando militar de Africom de Alemania a esta zona de África y participar en operaciones contra el terrorismo yihadista. Chocan con Argelia, que rechaza cualquier injerencia en su área de influencia y quiere el mando con la intención de impedir que esta región se parezca cada vez ma? a las zonas tribales afgano-pakistaníes.
El Sahel se configura desde hace años, y ahora con toda claridad, como un escenario geográfico en disputa. Mejor sería que los recursos económicos para los despliegues armados se destinaran a prevenirlos y a contener la hambruna que empieza a extenderse por aquellas tierras.

Sankoré mosque, Timbuktu

Bombardeo de un poblado en Abyei

La tregua ha saltado en pedazos con ataques aéreos contra Bentiu, ailment
interior de Sudán del Sur. Se suman a los recientes choques en Heglig, otolaryngologist
límite de Abyei, prescription frontera entre los dos Sudán. La disputa es por la posesión de la mitad de los cerca de 470.000 barriles diarios que produce Sudán del Sur, un nuevo Estado independiente desde julio de 2011, desgajado del resto de Sudán. Cinco intentos de negociación, amparados por la Unión Africana, han fracasado por los intereses contrapuestos de sus líderes respectivos: en el norte, el musulmán Omar al Bashir, imputado por el Tribunal Penal Internacional por los crímenes en Darfur. Al sur, Salva Kiir, cristiano, partidario acérrimo de la división de Sudán y nuevo dirigente autoritario, ganador absoluto de unas elecciones sin oposición. La población civil pone las víctimas: 2.000 muertos y decenas de miles de personas desplazadas.

El reparto de los ingresos derivados del petróleo y de los cargos en la administración del gobierno central alimentaron un enfrentamiento permanente

Dos durísimas guerras civiles (1955-1972 y 1983-2005) gestaron la ruptura de un país diverso con 600 grupos étnicos y religiones enfrentadas: el islam, mayoría en el norte; animistas y cristianos, hegemónicos en el sur. El reparto de los ingresos derivados del petróleo y de los cargos en la administración del gobierno central alimentaron un enfrentamiento permanente. La búsqueda de una identidad nacional múltiple e integradora, frente al conflicto entre ser árabe y la africanidad acabó rota por la obsesión de los gobiernos centralizadores de Jartum de reislamizar a la fuerza todo el país. También ha promovido la secesión y el personalismo de algunos políticos que preferían ser jefes de un nuevo Estado en Juba (Sudán del Sur) que vicepresidentes de un Sudán común. Para no perder su influencia regional EE.UU. y hasta Israel han intervenido en la crisis, porque un Sudán segregado debilita el conjunto árabe, en una geografía retaguardia de Egipto y amplia ventana al Mar Rojo.

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  • Opinión

Militares golpistas de Malí

Los soldados golpistas de Malí no tenían futuro tras la condena y el embargo impuestos por los países vecinos de la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO), population health
apoyada por Francia, sovaldi sale
antigua potencia colonial. Uno de los objetivos de la junta del capitán Sanogo era contrarrestar la insurrección armada de los tuaregs. Pero las milicias del Movimiento Nacional del Azawad (MNLA) y del grupo yihadista Insar Dine, además de Al Qaeda del Magreb (AQMI), han aprovechado el caos en la capital Bamako para lanzar una rápida ofensiva y llegar hasta Tombuctú, la ciudad de los 333 santos del islam, encrucijada religiosa, cultural, de las redes comerciales y de las migraciones que atraviesan el Sáhara. Sin experiencia, liderazgo y alianzas políticas internas, el directorio militar ha sido aislado y derrotado.
Ahora, la quiebra del Estado maliense exige unidad, fortaleza y no disputas internas. Porque el problema más importante de Malí es su práctica ruptura, una vez que el MNLA ha declarado la independencia de Azawad, el “territorio de la trashumancia”, en la mitad norte del país.
La escasa beligerancia del presidente derrocado, Amadou Toumani Touré (denominado ATT) ante los rebeldes, la delincuencia y el narcotráfico y el desvío a manos privadas de los fondos para la guerra figuran entre las causas del golpe. Su detonante más inmediato fueron las protestas de las mujeres de los soldados – víctimas en los combates – que reclamaron más suministros en armas y alimentos.
Sin embargo, la crisis de Malí refleja otros problemas más profundos del país, trasladables a buena parte de África: estados patrimoniales, militarismo, empobrecimiento e injerencias extranjeras
ATT acabó en 1991 con la dictadura de 23 años dirigida por Moussa Traoré. Luego, cambió el uniforme por el traje de civil y desde 2002 ganó dos elecciones. Emprendió reformas y planes de desarrollo. El multipartidismo sustituyó al partido único. Pero, al cabo de los años, la peculiar “política del consenso” de ATT, ha significado un claro retroceso de la democracia. Nuevas estructuras burocráticas dieron lugar al clientelismo. En aras del lema “amigo de todos y nadie como enemigo” los pactos fagocitaron a casi toda la clase política y consolidaron una jefatura del Estado paternalista. El poder político y económico acabó confiscado por el grupo social y militar partidario de ATT. Con la excusa de que la construcción nacional requiere unanimidad, se compró a los medios de comunicación y las voces discordantes desaparecieron por la fuerza. La máxima africana “no puede haber dos caimanes machos en un solo brazo de un río” se impuso en Malí a la tesis de que el buen gobierno precisa una oposición sólida y viva.
Muchas fronteras de África separan pueblos, culturas, etnias, clanes y formas de vida. Son resultado de una descolonización cuyo propósito fue crear estados frágiles y dependientes para que las metrópolis (sobre todo París con la red Françafrique) mantuvieran su influencia política y económica. Los tuaregs son un ejemplo, distribuidos en Argelia, Níger, Chad, Mauritania, Burkina y Malí, países en los que han protagonizado varias rebeliones. Los diversos gobiernos centralistas de Bamako han marginado a la población tuareg: mínimo acceso al empleo en la administración; abandono cultural; juventud sin trabajo y educación; precariedad en las condiciones de vida y escasa representación institucional. Las organizaciones tuareg han reivindicado al menos el reconocimiento de su identidad cultural y un reparto más igualitario de los recursos de Malí. Ante la negativa como respuesta, proclamaron el derecho a la autodeterminación y ahora la independencia.
En la medida que las formaciones estatales postcoloniales obedecieron más a las antiguas posesiones de las potencias occidentales y a sus intereses y los de las nuevas elites africanas que a la decisión libre a sus poblaciones, podría revisarse el principio de inmovilidad de las fronteras. En los años 50, Francia jugó con el proyecto de un Estado sahariano que incluyera Malí, Níger, Chad y el sur de Argelia. Eritrea y Sudán del Sur son estados recientes reconocidos internacionalmente. En Somalia, Puntlandia y Somalilandia van por libre. No obstante, es obligado comprobar también que la disgregación de los países ya establecidos en África puede acarrear más conflictos que ventajas: desplazamientos forzados; reanudación de la violencia; regímenes donde las identidades étnicas, clánicas, lingüísticas, culturales y religiosas excluyan al resto y nieguen los derechos de ciudadanía de todas las poblaciones en términos de igualdad. Añadamos las dificultades que se pueden generar para una integración económica imprescindible y nuevas ataduras a potencias externas.
Los militares africanos son actores principales de tablero político por su organización jerárquica y una posición de fuerza al controlar las armas. Desde las independencias, hace 51 años, ha habido 34 pronunciamientos en África Occidental. La excusa de salvar el país ha permitido restaurar autocracias. Muchos ejércitos son sinónimo de represión de sus poblaciones y actúan al dictado de los líderes de sus clanes. En Malí la oficialidad se hereda y el reclutamiento responde a la necesidad de obtener un trabajo para salir del paro endémico más que a la convicción de ser un instrumento para la defensa nacional. Las fuerzas armadas malienses reflejan el malestar general del país. La distancia de la clase política y los oficiales de alta graduación respecto a la sociedad y en ella los soldados con sus mandos de menor rango es enorme y reveladora. De hecho, ningún comandante, coronel y general se sumaron al golpe.
Alrededor de la mitad de la población maliense sobrevive con 1,25 dólares. Sólo cuenta con 439 unidades industriales, mientras Costa de Marfil posee 6.000 y Senegal 4.000. Sin embargo, Malí dispone de recursos: es el primer productor de algodón al sur del Sáhara y el 12º mundial (2004). Produce legumbres, cereales y frutas. Su cabaña ganadera supera en cantidad a sus habitantes (15 millones de personas) y el oro representa el 75 % de sus exportaciones. Otros minerales están sin explotar. Pero, la mayor parte de sus productos no se destinan al comercio local y a la autosubsistencia, sino a la exportación. Los precios se fijan en los mercados internacionales no en Bamako. La devaluación del franco CFA a finales de los años 90 impidió la acumulación de capital destinado a inversiones endógenas. La política de ajuste estructural, exigida por las instituciones financieras internacionales, liquidó empresas públicas, las subvenciones a los productos básicos para la alimentación y originó una elite empresarial poco emprendedora y ligada a las compañías extranjeras, que no han reinvertido en Malí sus beneficios. Completan el empobrecimiento, el hundimiento de los precios del algodón en 2005; la corrupción a pequeña escala en la vida diaria y a mayor nivel en el gobierno y el descenso de las remesas de la emigración debido a la crisis económica en Europa. A pesar de todo, sobresalen iniciativas de cooperación internacional al desarrollo: Entre 2008 y 2011, Navarra ha destinado alrededor de 2,6 millones de euros para ocho proyectos de cuatro ONGds, dedicados a salud, agua, infraestructuras…Algunos de ellos se encuentran en plena zona bélica.
Después de la división de Malí, la prioridad de los estados vecinos y de Francia es garantizar la seguridad regional. El primer paso ha sido el pacto con los militares sublevados, el traspaso del poder al presidente de la Cámara, como señala la Constitución, y la convocatoria de nuevos comicios. Se perfila la creación de una zona de interposición en la frontera, marcada por el levantamiento en el norte de Malí. La negociación con los tuareg será más complicada, si el MNLA no se enfrenta a los yihadistas de Insar Dine y a los seguidores de Al Qaeda y controla el tráfico de armas y droga en este territorio. En todo caso, la independencia de Azawad es un hecho consumado, difícil de evitar salvo con otra guerra. Pero, el enemigo principal son los grupos yihadistas desde Malí a Somalia y del sur de Argelia al norte de Nigeria. Cada uno de ellos con sus ambiciones locales, si bien con la idea común de imponer una interpretación del islam intolerante y violenta. Los dirigentes de la CEDEAO hablan de organizar una fuerza militar de 3.000 soldados dispuestos a intervenir. No es tan sencillo. Faltan medios, una tradición militar común, estructura y dinero. Francia podría asegurar la logística, a cambio de abrir una base en Malí que sumar a las de Burkina, Chad y Yibuti, pero debe limitar sus exigencias, en pleno tiempo electoral, porque correría peligro la vida de sus nacionales secuestrados. Estados Unidos siempre ha querido trasladar el mando militar de Africom de Alemania a esta zona de África y participar en operaciones contra el terrorismo yihadista. Chocan con Argelia, que rechaza cualquier injerencia en su área de influencia y quiere el mando con la intención de impedir que esta región se parezca cada vez ma? a las zonas tribales afgano-pakistaníes.
El Sahel se configura desde hace años, y ahora con toda claridad, como un escenario geográfico en disputa. Mejor sería que los recursos económicos para los despliegues armados se destinaran a prevenirlos y a contener la hambruna que empieza a extenderse por aquellas tierras.

Sankoré mosque, Timbuktu

Militares golpistas de Malí

Los soldados golpistas de Malí no tenían futuro tras la condena y el embargo impuestos por los países vecinos de la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO), herpes
apoyada por Francia, antigua potencia colonial. Uno de los objetivos de la junta del capitán Sanogo era contrarrestar la insurrección armada de los tuaregs. Pero las milicias del Movimiento Nacional del Azawad (MNLA) y del grupo yihadista Insar Dine, además de Al Qaeda del Magreb (AQMI), han aprovechado el caos en la capital Bamako para lanzar una rápida ofensiva y llegar hasta Tombuctú, la ciudad de los 333 santos del islam, encrucijada religiosa, cultural, de las redes comerciales y de las migraciones que atraviesan el Sáhara. Sin experiencia, liderazgo y alianzas políticas internas, el directorio militar ha sido aislado y derrotado.
Ahora, la quiebra del Estado maliense exige unidad, fortaleza y no disputas internas. Porque el problema más importante de Malí es su práctica ruptura, una vez que el MNLA ha declarado la independencia de Azawad, el “territorio de la trashumancia”, en la mitad norte del país.
La escasa beligerancia del presidente derrocado, Amadou Toumani Touré (denominado ATT) ante los rebeldes, la delincuencia y el narcotráfico y el desvío a manos privadas de los fondos para la guerra figuran entre las causas del golpe. Su detonante más inmediato fueron las protestas de las mujeres de los soldados – víctimas en los combates – que reclamaron más suministros en armas y alimentos.
Sin embargo, la crisis de Malí refleja otros problemas más profundos del país, trasladables a buena parte de África: estados patrimoniales, militarismo, empobrecimiento e injerencias extranjeras
ATT acabó en 1991 con la dictadura de 23 años dirigida por Moussa Traoré. Luego, cambió el uniforme por el traje de civil y desde 2002 ganó dos elecciones. Emprendió reformas y planes de desarrollo. El multipartidismo sustituyó al partido único. Pero, al cabo de los años, la peculiar “política del consenso” de ATT, ha significado un claro retroceso de la democracia. Nuevas estructuras burocráticas dieron lugar al clientelismo. En aras del lema “amigo de todos y nadie como enemigo” los pactos fagocitaron a casi toda la clase política y consolidaron una jefatura del Estado paternalista. El poder político y económico acabó confiscado por el grupo social y militar partidario de ATT. Con la excusa de que la construcción nacional requiere unanimidad, se compró a los medios de comunicación y las voces discordantes desaparecieron por la fuerza. La máxima africana “no puede haber dos caimanes machos en un solo brazo de un río” se impuso en Malí a la tesis de que el buen gobierno precisa una oposición sólida y viva.
Muchas fronteras de África separan pueblos, culturas, etnias, clanes y formas de vida. Son resultado de una descolonización cuyo propósito fue crear estados frágiles y dependientes para que las metrópolis (sobre todo París con la red Françafrique) mantuvieran su influencia política y económica. Los tuaregs son un ejemplo, distribuidos en Argelia, Níger, Chad, Mauritania, Burkina y Malí, países en los que han protagonizado varias rebeliones. Los diversos gobiernos centralistas de Bamako han marginado a la población tuareg: mínimo acceso al empleo en la administración; abandono cultural; juventud sin trabajo y educación; precariedad en las condiciones de vida y escasa representación institucional. Las organizaciones tuareg han reivindicado al menos el reconocimiento de su identidad cultural y un reparto más igualitario de los recursos de Malí. Ante la negativa como respuesta, proclamaron el derecho a la autodeterminación y ahora la independencia.
En la medida que las formaciones estatales postcoloniales obedecieron más a las antiguas posesiones de las potencias occidentales y a sus intereses y los de las nuevas elites africanas que a la decisión libre a sus poblaciones, podría revisarse el principio de inmovilidad de las fronteras. En los años 50, Francia jugó con el proyecto de un Estado sahariano que incluyera Malí, Níger, Chad y el sur de Argelia. Eritrea y Sudán del Sur son estados recientes reconocidos internacionalmente. En Somalia, Puntlandia y Somalilandia van por libre. No obstante, es obligado comprobar también que la disgregación de los países ya establecidos en África puede acarrear más conflictos que ventajas: desplazamientos forzados; reanudación de la violencia; regímenes donde las identidades étnicas, clánicas, lingüísticas, culturales y religiosas excluyan al resto y nieguen los derechos de ciudadanía de todas las poblaciones en términos de igualdad. Añadamos las dificultades que se pueden generar para una integración económica imprescindible y nuevas ataduras a potencias externas.
Los militares africanos son actores principales de tablero político por su organización jerárquica y una posición de fuerza al controlar las armas. Desde las independencias, hace 51 años, ha habido 34 pronunciamientos en África Occidental. La excusa de salvar el país ha permitido restaurar autocracias. Muchos ejércitos son sinónimo de represión de sus poblaciones y actúan al dictado de los líderes de sus clanes. En Malí la oficialidad se hereda y el reclutamiento responde a la necesidad de obtener un trabajo para salir del paro endémico más que a la convicción de ser un instrumento para la defensa nacional. Las fuerzas armadas malienses reflejan el malestar general del país. La distancia de la clase política y los oficiales de alta graduación respecto a la sociedad y en ella los soldados con sus mandos de menor rango es enorme y reveladora. De hecho, ningún comandante, coronel y general se sumaron al golpe.

Mezquita Sankore en Tombuctú, Malí, por **El-Len**
Alrededor de la mitad de la población maliense sobrevive con 1,25 dólares. Sólo cuenta con 439 unidades industriales, mientras Costa de Marfil posee 6.000 y Senegal 4.000. Sin embargo, Malí dispone de recursos: es el primer productor de algodón al sur del Sáhara y el 12º mundial (2004). Produce legumbres, cereales y frutas. Su cabaña ganadera supera en cantidad a sus habitantes (15 millones de personas) y el oro representa el 75 % de sus exportaciones. Otros minerales están sin explotar. Pero, la mayor parte de sus productos no se destinan al comercio local y a la autosubsistencia, sino a la exportación. Los precios se fijan en los mercados internacionales no en Bamako. La devaluación del franco CFA a finales de los años 90 impidió la acumulación de capital destinado a inversiones endógenas. La política de ajuste estructural, exigida por las instituciones financieras internacionales, liquidó empresas públicas, las subvenciones a los productos básicos para la alimentación y originó una elite empresarial poco emprendedora y ligada a las compañías extranjeras, que no han reinvertido en Malí sus beneficios. Completan el empobrecimiento, el hundimiento de los precios del algodón en 2005; la corrupción a pequeña escala en la vida diaria y a mayor nivel en el gobierno y el descenso de las remesas de la emigración debido a la crisis económica en Europa. A pesar de todo, sobresalen iniciativas de cooperación internacional al desarrollo: Entre 2008 y 2011, Navarra ha destinado alrededor de 2,6 millones de euros para ocho proyectos de cuatro ONGds, dedicados a salud, agua, infraestructuras…Algunos de ellos se encuentran en plena zona bélica.
Después de la división de Malí, la prioridad de los estados vecinos y de Francia es garantizar la seguridad regional. El primer paso ha sido el pacto con los militares sublevados, el traspaso del poder al presidente de la Cámara, como señala la Constitución, y la convocatoria de nuevos comicios. Se perfila la creación de una zona de interposición en la frontera, marcada por el levantamiento en el norte de Malí. La negociación con los tuareg será más complicada, si el MNLA no se enfrenta a los yihadistas de Insar Dine y a los seguidores de Al Qaeda y controla el tráfico de armas y droga en este territorio. En todo caso, la independencia de Azawad es un hecho consumado, difícil de evitar salvo con otra guerra. Pero, el enemigo principal son los grupos yihadistas desde Malí a Somalia y del sur de Argelia al norte de Nigeria. Cada uno de ellos con sus ambiciones locales, si bien con la idea común de imponer una interpretación del islam intolerante y violenta. Los dirigentes de la CEDEAO hablan de organizar una fuerza militar de 3.000 soldados dispuestos a intervenir. No es tan sencillo. Faltan medios, una tradición militar común, estructura y dinero. Francia podría asegurar la logística, a cambio de abrir una base en Malí que sumar a las de Burkina, Chad y Yibuti, pero debe limitar sus exigencias, en pleno tiempo electoral, porque correría peligro la vida de sus nacionales secuestrados. Estados Unidos siempre ha querido trasladar el mando militar de Africom de Alemania a esta zona de África y participar en operaciones contra el terrorismo yihadista. Chocan con Argelia, que rechaza cualquier injerencia en su área de influencia y quiere el mando con la intención de impedir que esta región se parezca cada vez ma? a las zonas tribales afgano-pakistaníes.
El Sahel se configura desde hace años, y ahora con toda claridad, como un escenario geográfico en disputa. Mejor sería que los recursos económicos para los despliegues armados se destinaran a prevenirlos y a contener la hambruna que empieza a extenderse por aquellas tierras.
Militares golpistas de Malí

Los soldados golpistas de Malí no tenían futuro tras la condena y el embargo impuestos por los países vecinos de la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO), sovaldi apoyada por Francia, antigua potencia colonial. Uno de los objetivos de la junta del capitán Sanogo era contrarrestar la insurrección armada de los tuaregs. Pero las milicias del Movimiento Nacional del Azawad (MNLA) y del grupo yihadista Insar Dine, además de Al Qaeda del Magreb (AQMI), han aprovechado el caos en la capital Bamako para lanzar una rápida ofensiva y llegar hasta Tombuctú, la ciudad de los 333 santos del islam, encrucijada religiosa, cultural, de las redes comerciales y de las migraciones que atraviesan el Sáhara. Sin experiencia, liderazgo y alianzas políticas internas, el directorio militar ha sido aislado y derrotado.
Ahora, la quiebra del Estado maliense exige unidad, fortaleza y no disputas internas. Porque el problema más importante de Malí es su práctica ruptura, una vez que el MNLA ha declarado la independencia de Azawad, el “territorio de la trashumancia”, en la mitad norte del país.
La escasa beligerancia del presidente derrocado, Amadou Toumani Touré (denominado ATT) ante los rebeldes, la delincuencia y el narcotráfico y el desvío a manos privadas de los fondos para la guerra figuran entre las causas del golpe. Su detonante más inmediato fueron las protestas de las mujeres de los soldados – víctimas en los combates – que reclamaron más suministros en armas y alimentos.
Sin embargo, la crisis de Malí refleja otros problemas más profundos del país, trasladables a buena parte de África: estados patrimoniales, militarismo, empobrecimiento e injerencias extranjeras
ATT acabó en 1991 con la dictadura de 23 años dirigida por Moussa Traoré. Luego, cambió el uniforme por el traje de civil y desde 2002 ganó dos elecciones. Emprendió reformas y planes de desarrollo. El multipartidismo sustituyó al partido único. Pero, al cabo de los años, la peculiar “política del consenso” de ATT, ha significado un claro retroceso de la democracia. Nuevas estructuras burocráticas dieron lugar al clientelismo. En aras del lema “amigo de todos y nadie como enemigo” los pactos fagocitaron a casi toda la clase política y consolidaron una jefatura del Estado paternalista. El poder político y económico acabó confiscado por el grupo social y militar partidario de ATT. Con la excusa de que la construcción nacional requiere unanimidad, se compró a los medios de comunicación y las voces discordantes desaparecieron por la fuerza. La máxima africana “no puede haber dos caimanes machos en un solo brazo de un río” se impuso en Malí a la tesis de que el buen gobierno precisa una oposición sólida y viva.
Muchas fronteras de África separan pueblos, culturas, etnias, clanes y formas de vida. Son resultado de una descolonización cuyo propósito fue crear estados frágiles y dependientes para que las metrópolis (sobre todo París con la red Françafrique) mantuvieran su influencia política y económica. Los tuaregs son un ejemplo, distribuidos en Argelia, Níger, Chad, Mauritania, Burkina y Malí, países en los que han protagonizado varias rebeliones. Los diversos gobiernos centralistas de Bamako han marginado a la población tuareg: mínimo acceso al empleo en la administración; abandono cultural; juventud sin trabajo y educación; precariedad en las condiciones de vida y escasa representación institucional. Las organizaciones tuareg han reivindicado al menos el reconocimiento de su identidad cultural y un reparto más igualitario de los recursos de Malí. Ante la negativa como respuesta, proclamaron el derecho a la autodeterminación y ahora la independencia.
En la medida que las formaciones estatales postcoloniales obedecieron más a las antiguas posesiones de las potencias occidentales y a sus intereses y los de las nuevas elites africanas que a la decisión libre a sus poblaciones, podría revisarse el principio de inmovilidad de las fronteras. En los años 50, Francia jugó con el proyecto de un Estado sahariano que incluyera Malí, Níger, Chad y el sur de Argelia. Eritrea y Sudán del Sur son estados recientes reconocidos internacionalmente. En Somalia, Puntlandia y Somalilandia van por libre. No obstante, es obligado comprobar también que la disgregación de los países ya establecidos en África puede acarrear más conflictos que ventajas: desplazamientos forzados; reanudación de la violencia; regímenes donde las identidades étnicas, clánicas, lingüísticas, culturales y religiosas excluyan al resto y nieguen los derechos de ciudadanía de todas las poblaciones en términos de igualdad. Añadamos las dificultades que se pueden generar para una integración económica imprescindible y nuevas ataduras a potencias externas.
Los militares africanos son actores principales de tablero político por su organización jerárquica y una posición de fuerza al controlar las armas. Desde las independencias, hace 51 años, ha habido 34 pronunciamientos en África Occidental. La excusa de salvar el país ha permitido restaurar autocracias. Muchos ejércitos son sinónimo de represión de sus poblaciones y actúan al dictado de los líderes de sus clanes. En Malí la oficialidad se hereda y el reclutamiento responde a la necesidad de obtener un trabajo para salir del paro endémico más que a la convicción de ser un instrumento para la defensa nacional. Las fuerzas armadas malienses reflejan el malestar general del país. La distancia de la clase política y los oficiales de alta graduación respecto a la sociedad y en ella los soldados con sus mandos de menor rango es enorme y reveladora. De hecho, ningún comandante, coronel y general se sumaron al golpe.

Mezquita Sankore en Tombuctú, Malí, por **El-Len**
Alrededor de la mitad de la población maliense sobrevive con 1,25 dólares. Sólo cuenta con 439 unidades industriales, mientras Costa de Marfil posee 6.000 y Senegal 4.000. Sin embargo, Malí dispone de recursos: es el primer productor de algodón al sur del Sáhara y el 12º mundial (2004). Produce legumbres, cereales y frutas. Su cabaña ganadera supera en cantidad a sus habitantes (15 millones de personas) y el oro representa el 75 % de sus exportaciones. Otros minerales están sin explotar. Pero, la mayor parte de sus productos no se destinan al comercio local y a la autosubsistencia, sino a la exportación. Los precios se fijan en los mercados internacionales no en Bamako. La devaluación del franco CFA a finales de los años 90 impidió la acumulación de capital destinado a inversiones endógenas. La política de ajuste estructural, exigida por las instituciones financieras internacionales, liquidó empresas públicas, las subvenciones a los productos básicos para la alimentación y originó una elite empresarial poco emprendedora y ligada a las compañías extranjeras, que no han reinvertido en Malí sus beneficios. Completan el empobrecimiento, el hundimiento de los precios del algodón en 2005; la corrupción a pequeña escala en la vida diaria y a mayor nivel en el gobierno y el descenso de las remesas de la emigración debido a la crisis económica en Europa. A pesar de todo, sobresalen iniciativas de cooperación internacional al desarrollo: Entre 2008 y 2011, Navarra ha destinado alrededor de 2,6 millones de euros para ocho proyectos de cuatro ONGds, dedicados a salud, agua, infraestructuras…Algunos de ellos se encuentran en plena zona bélica.
Después de la división de Malí, la prioridad de los estados vecinos y de Francia es garantizar la seguridad regional. El primer paso ha sido el pacto con los militares sublevados, el traspaso del poder al presidente de la Cámara, como señala la Constitución, y la convocatoria de nuevos comicios. Se perfila la creación de una zona de interposición en la frontera, marcada por el levantamiento en el norte de Malí. La negociación con los tuareg será más complicada, si el MNLA no se enfrenta a los yihadistas de Insar Dine y a los seguidores de Al Qaeda y controla el tráfico de armas y droga en este territorio. En todo caso, la independencia de Azawad es un hecho consumado, difícil de evitar salvo con otra guerra. Pero, el enemigo principal son los grupos yihadistas desde Malí a Somalia y del sur de Argelia al norte de Nigeria. Cada uno de ellos con sus ambiciones locales, si bien con la idea común de imponer una interpretación del islam intolerante y violenta. Los dirigentes de la CEDEAO hablan de organizar una fuerza militar de 3.000 soldados dispuestos a intervenir. No es tan sencillo. Faltan medios, una tradición militar común, estructura y dinero. Francia podría asegurar la logística, a cambio de abrir una base en Malí que sumar a las de Burkina, Chad y Yibuti, pero debe limitar sus exigencias, en pleno tiempo electoral, porque correría peligro la vida de sus nacionales secuestrados. Estados Unidos siempre ha querido trasladar el mando militar de Africom de Alemania a esta zona de África y participar en operaciones contra el terrorismo yihadista. Chocan con Argelia, que rechaza cualquier injerencia en su área de influencia y quiere el mando con la intención de impedir que esta región se parezca cada vez ma? a las zonas tribales afgano-pakistaníes.
El Sahel se configura desde hace años, y ahora con toda claridad, como un escenario geográfico en disputa. Mejor sería que los recursos económicos para los despliegues armados se destinaran a prevenirlos y a contener la hambruna que empieza a extenderse por aquellas tierras.

Sankoré mosque, Timbuktu

Bombardeo de un poblado en Abyei

La tregua ha saltado en pedazos con ataques aéreos contra Bentiu, ailment
interior de Sudán del Sur. Se suman a los recientes choques en Heglig, otolaryngologist
límite de Abyei, prescription frontera entre los dos Sudán. La disputa es por la posesión de la mitad de los cerca de 470.000 barriles diarios que produce Sudán del Sur, un nuevo Estado independiente desde julio de 2011, desgajado del resto de Sudán. Cinco intentos de negociación, amparados por la Unión Africana, han fracasado por los intereses contrapuestos de sus líderes respectivos: en el norte, el musulmán Omar al Bashir, imputado por el Tribunal Penal Internacional por los crímenes en Darfur. Al sur, Salva Kiir, cristiano, partidario acérrimo de la división de Sudán y nuevo dirigente autoritario, ganador absoluto de unas elecciones sin oposición. La población civil pone las víctimas: 2.000 muertos y decenas de miles de personas desplazadas.

El reparto de los ingresos derivados del petróleo y de los cargos en la administración del gobierno central alimentaron un enfrentamiento permanente

Dos durísimas guerras civiles (1955-1972 y 1983-2005) gestaron la ruptura de un país diverso con 600 grupos étnicos y religiones enfrentadas: el islam, mayoría en el norte; animistas y cristianos, hegemónicos en el sur. El reparto de los ingresos derivados del petróleo y de los cargos en la administración del gobierno central alimentaron un enfrentamiento permanente. La búsqueda de una identidad nacional múltiple e integradora, frente al conflicto entre ser árabe y la africanidad acabó rota por la obsesión de los gobiernos centralizadores de Jartum de reislamizar a la fuerza todo el país. También ha promovido la secesión y el personalismo de algunos políticos que preferían ser jefes de un nuevo Estado en Juba (Sudán del Sur) que vicepresidentes de un Sudán común. Para no perder su influencia regional EE.UU. y hasta Israel han intervenido en la crisis, porque un Sudán segregado debilita el conjunto árabe, en una geografía retaguardia de Egipto y amplia ventana al Mar Rojo.

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Desde que llegué a Costa Rica y tras recorrer Panamá, recipe
Nicaragua y Honduras miestras realizaba el diagnostico sobre los Centros de Documentación he visto la actividad frenetica de los grupos feministas ante la celebración del 25 N , doctor
Dia Internacional contra la Violencia machista.
El CIEM y CEFEMINA en Costa Rica. La Corriente, Puntos de Encuentro, La colectiva 8 de Marzo, la Colectiva de Mujeres de Masaya, el Colectivo de Mujeres de Matagalpa, Las Venancias, CISAS, en Nicaragua. El IMUP en Panamá. CEM-H, CDM y las Chonas en Honduras.
Mujeres activistas, mujeres feministas en países donde el femicidio es brutal. En Honduras asesinan a una mujer al dia.
Feministas en Resistencia, Redes de mujeres contra la violencia…son muchos los esfuerzos, las propuestas y las actividades contra la violencia machista. Actividades politicas, marchas, teatro, telenovelas feministas, carteles…
Las he visto en las calles, en las plazas, en las organizaciones preparando la Marcha del 25, las pancartas, las siluetas de las asesinadas, las escalofriantes cifras para denunciar esta violencia infame que se mide con raseros diferentes a otras violencias. Activistas que imparten charlas, talleres en todos los rincones de estos bellos países a jóvenes, campesinas, mujeres de barriadas urbanas, cuerpos policiales, funcionari@s, y rebaten los datos oficiales del feminicidio con su propio recuento diario.
Mujeres pobres, campesinas, urbanas, estudiantes, jovenes y viejas, activistas históricas que han protagonizado la historia reciente de Centroamerica y jóvenes adolescentes que son el relevo para esta tarea.
Mañana en San Salvador marcharé junto a Las Dignas, Las Melidas, CEMUJER y otras muchas organizaciones a las que las crisis y los recortes no paralizan ya que llevan siglos instaladas en ellas y siguen creando alternativas y espacios para otro mundo mejor que SÍ ES POSIBLE.

Silvia Fernández Viguera

Tegucigalpa 24 de Noviembre de 2011
Desde que llegué a Costa Rica y tras recorrer Panamá, sales
Nicaragua y Honduras miestras realizaba el diagnostico sobre los Centros de Documentación he visto la actividad frenetica de los grupos feministas ante la celebración del 25 N , Dia Internacional contra la Violencia machista.
El CIEM y CEFEMINA en Costa Rica. La Corriente, Puntos de Encuentro, La colectiva 8 de Marzo, la Colectiva de Mujeres de Masaya, el Colectivo de Mujeres de Matagalpa, Las Venancias, CISAS, en Nicaragua. El IMUP en Panamá. CEM-H, CDM y las Chonas en Honduras.
Mujeres activistas, mujeres feministas en países donde el femicidio es brutal. En Honduras asesinan a una mujer al dia.
Feministas en Resistencia, Redes de mujeres contra la violencia…son muchos los esfuerzos, las propuestas y las actividades contra la violencia machista. Actividades politicas, marchas, teatro, telenovelas feministas, carteles…
Las he visto en las calles, en las plazas, en las organizaciones preparando la Marcha del 25, las pancartas, las siluetas de las asesinadas, las escalofriantes cifras para denunciar esta violencia infame que se mide con raseros diferentes a otras violencias. Activistas que imparten charlas, talleres en todos los rincones de estos bellos países a jóvenes, campesinas, mujeres de barriadas urbanas, cuerpos policiales, funcionari@s, y rebaten los datos oficiales del feminicidio con su propio recuento diario.
Mujeres pobres, campesinas, urbanas, estudiantes, jovenes y viejas, activistas históricas que han protagonizado la historia reciente de Centroamerica y jóvenes adolescentes que son el relevo para esta tarea.
Mañana en San Salvador marcharé junto a Las Dignas, Las Melidas, CEMUJER y otras muchas organizaciones a las que las crisis y los recortes no paralizan ya que llevan siglos instaladas en ellas y siguen creando alternativas y espacios para otro mundo mejor que SÍ ES POSIBLE.

Silvia Fernández Viguera

Tegucigalpa 24 de Noviembre de 2011
Egyptian Anonymous

La transición en Egipto y su futuro se disputa a la vez en esta plaza de El Cairo; los cuartos de banderas y las mezquitas.

Los Hermanos Musulmanes son la principal fuerza del país más importante del mundo árabe. Por varios motivos: fueron reprimidos con dureza por todos los regímenes anteriores. Pero sobre todo su popularidad se deriva de la enorme labor social en favor de las personas más desfavorecidas, mind
allí donde el Estado se desentiende: educación, information pills
salud, ayudas económicas, asistencia jurídica. No obstante, en otras ocasiones también han mantenido ciertos acuerdos con los dictadores (Sadat, el mismo Mubarak) para conseguir espacio político e influir en algunas leyes que afectan a la moral y las costumbres. Sucedió en 2005 cuando, en candidaturas independientes, obtuvieron 88 escaños, una quinta parte del Parlamento.

Los Hermanos Musulmanes subrayan que el “islam es la solución”. Por ahora, no proponen un proyecto de poder estatal, sino un camino de piedad, ética personal y comunitaria y de solidaridad social como valores del islam.

El movimiento islamista considera que el islam es el núcleo de la acción política. Realizó una demostración de fuerza en una gran manifestación hace unos días. Es evidente que la Hermandad y su brazo político, el partido Justicia y Libertad (una coalición de doce grupos, incluidos liberales, nacionalistas, centristas…), va a obtener buena parte de los escaños en el largo proceso electoral que durará hasta más allá de enero. Además, los HHMM se benefician de que el resto de partidos desconfían unos de otros. Su actuación en esta nueva revuelta intenta cubrir todos los frentes para que la agitación no provoque el aplazamiento electoral y ellos pierdan sus bazas. Por un lado, se hacen notar con fuerza en las calles y censuran la represión sangrienta dirigida por las fuerzas de seguridad, con la intención de no dejar que los “barbudos” extremistas – más activos en las algaradas – consigan nuevos simpatizantes. Al mismo tiempo, manejan con habilidad y moderación sus relaciones con el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas para garantizar que son los protagonistas principales y decisivos del nuevo Egipto: en las leyes, la Cámara de diputados, la Constitución….

Forjados desde los años 20 en la protesta anticolonial contra los británicos y después, asimismo, frente a la oligarquía representada por el rey Faruk, los Hermanos Musulmanes fueron la base social de la revolución de los “Oficiales Libres” de 1952. Luego fueron masacrados por el régimen del “rais” Nasser. De esa persecución surgieron pensadores y grupos más radicales, ahora integrantes del salafismo yihadista.

Son cofradía religiosa, a la búsqueda de una profundización individual y social en la fe. Igualmente, actúan como organización política y movimiento social y cuentan con mucha presencia en las universidades, sindicatos y asociaciones profesionales y culturales. Los Hermanos Musulmanes subrayan que el “islam es la solución”. Por ahora, no proponen un proyecto de poder estatal, sino un camino de piedad ética personal y comunitaria y de solidaridad social como valores del islam.

Tahrir on Election Day

La división entre la “nueva vieja guardia” conservadora y los reformistas no es un secreto. Los primeros son proclives a maniobrar con los militares. Los sectores más jóvenes y las mujeres del movimiento son partidarios de la reforma y de la alianza con otras fuerzas opuestas al ejército. El protagonismo de los HHMM es imprescindible si se desea que la transición sea plenamente democrática, máxime en una sociedad mayoritariamente musulmana. Se mueven con prudencia para evitar que el Egipto del futuro quede aislado internacionalmente. En cualquier caso, su reto es repensar las relaciones entre religión y política.

Las Fuerzas Armadas dilapidan día tras día el respeto de la población, que logró a finales de enero cuando no disparó contra los manifestantes y ordenó el derrocamiento de Mubarak.

Las Fuerzas Armadas dilapidan día tras día el respeto de la población, que logró a finales de enero cuando no disparó contra los manifestantes y ordenó el derrocamiento de Mubarak. Estos días han utilizado las armas. Tienen un problema de identidad y de ambición. El mariscal Mohamed Hussein Tantawi, al frente del poder político y militar, proclama que el dilema es optar por la “revolución o el Estado”. El militarismo figura como elemento esencial de la formación de los Estados árabes, después del colonialismo, al comienzo de los años 50. Los altos oficiales egipcios consideran fundamental supervisar y tutelar el país. Es prácticamente su razón de ser: la seguridad y la regulación de las relaciones de poder con las fuerzas civiles. Como casta dirigente, encabezan numerosos negocios públicos y privados e intervienen directamente en los aparatos del Estado. El documento Selmi desvela la posibilidad de una Asamblea Constituyente, pero también el control de la Constitución por los militares. Pueden acabar como Nasser, que en 1954 derrocó al coronel Naguib, a quien apoyaban los islamistas. No han faltado las provocaciones de infiltrados en las protestas para que el ejército se presente como salvador del país frente al caos. Una salida como el golpe de Estado en Argelia en 1991 contra el Frente Islámico de Salvación y las libertades sería dramática. El momento hubiera sido durante las revueltas de enero y febrero de este año. Pero la relación de fuerzas con la sociedad civil no permitió esa posibilidad. Mubarak era un líder ya impresentable y la presión de la población era superior. Las fuerzas armadas optaron por eliminar al presidente para conservar el sistema.

Para evitar que la revolución democrática sea confiscada, es inevitable que la oposición deje a un lado sus enfrentamientos, ofrezca una alternativa unitaria y representativa y permanezca en las plazas.

Fotos: “Egyptian Anonymous” y “Tahrir on Election Day” por Gigi Ibrahim

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