La Muestra de Cine y DDHH analiza las libertades individuales y roles de género a través del fenómeno de las ‘Burnesha’

18 nov

Malala

Como parte de las sesiones formativas para Centros de Enseñanza Media, dermatologist
la segunda jornada de la XI Muestra de Cine y Derechos Humanos de Pamplona proyectó Él me llamó Malala, cialis documental sobre la joven activista pakistaní que sobrevivió al atentado de los talibanes cuando iba a la escuela.

El proyecto, apoplectic
rodado por el oscarizado Davis Guggenheim, contrapone la actual vida de Malala Yousafzai en Reino Unido con sus vivencias durante el ascenso al poder de los talibanes en su natal Valle de Swat (Pakistán). El nexo de ambas experiencias vitales es el de una joven que, en un país y en otro, no ha dejado de asistir al colegio y ha seguido luchando por el derecho de las mujeres a tener una educación desde su infancia.

Según refleja la Fundación Malala, más de 60 millones de niñas en el mundo son privadas de la oportunidad de ir al colegio, la mitad de ellas ni siquiera pueden contar con la enseñanza más básica de primaria. “La violencia a la que se enfrentan las niñas en 70 países les impide ir al colegio”.

El mensaje de Malala es claro: “La escuela me daba esperanza y construirá mi futuro”; por eso cuando los talibanes empezaron a destruir colegios y finalmente prohibieron a las niñas asistir a los pocos que dejaron en pie, ella lo tuvo claro: “Hay momentos en los que hay que decidir si quedarse callado o mantenerse de pie. Nuestros libros y bolígrafos son las armas más poderosas”.

Su padre, Ziauddin Yousafzai, quien fuera profesor en Pakistán, incide en la idea: “La educación te da el poder para ser independiente”, de ahí que los talibanes ataquen la cultura. Sus imposiciones “no tienen que ver con la fe sino con [el intento de mantener] el poder… Son los enemigos del Islam”, recalca en el documental.

Durante su intervención posterior a la proyección del filme, Luis Arellano, de Nosolofilms, lanzó varias preguntas de compleja respuesta al alumnado de secundaria presente, a fin de hacer reflexionar sobre los roles masculinos y femeninos, así como analizar qué postura adoptar cuando el derecho a la educación es amenazado. Además, debatió sobre la fuerza de las tradiciones frente a los derechos humanos en culturas más allá de Occidente, pero también del laxo cumplimiento de algunos de estos derechos en la propia Europa.
Vergine giurata

En una nueva ocasión, sickness
la Muestra de Cine y Derechos Humanos ayudó a descubrir una realidad de nuestro mundo prácticamente desconocida para el gran público: la figura de las ‘vírgenes juradas’, ampoule
a través del filme Vergine giurata de Laura Bispuri. Se trata de un fenómeno presente en algunas culturas, como en los Balcanes o en zonas del África Subsahariana, pero que resultó totalmente sorprendente para los asistentes a la jornada.

Las vírgenes juradas son mujeres que han renunciado a su sexualidad y a su identidad como mujer para adoptar el rol de hombres, vistiendo como tales y comportándose socialmente como ellos; sin embargo, esto se restringe a las actitudes sociales y de poder, no a un plano afectivo ni sexual.

En la zona de los Balcanes, donde aún existen algunas decenas de ‘vírgenes juradas’, se les llama –en albanés– ‘Burnesha’. En Kenia existe una figura similar dentro de etnias polígamas y se les denomina ‘mujeres marido’.

En estas sociedades fuertemente patriarcales, este fenómeno se produce en situaciones en las que, por ejemplo, no hay hijos varones a los que se pueda transmitir la herencia, y la virgen jurada recibe así el estatus y papel protector que los hombres realizan en un plano social, salvaguardando el honor familiar.

Invitados a Vergine giurata
Paloma Fernández Rasines (UPNA) y Jose María Jaurrieta Zarranz (Amnistía Internacional Navarra).

La antropóloga Paloma Fernández Rasines, del área de Antropología Social y Estudios de Género de la Universidad Pública de Navarra, explicó cómo este sistema de derecho consuetudinario no es algo muy ajeno a nuestras sociedades. “No tenemos que irnos muy lejos. Aquí, hasta hace 40 años, una mujer sola no podía hacer nada: no podía trabajar, no podía tener una cuenta para cobrar, no podía heredar, no podía tener la patria potestad de los hijos si no era de una manera delegada por el marido o el padre… Aquí también podemos hacer ese tipo de traslaciones, aunque no sean tan crudas”.

Contextualizó el fenómeno recurriendo a un terreno aún más próximo: “Algo que es bastante contemporáneo y común en Navarra, dentro de un tipo de familia troncal, es el mantener la casa. Conlleva que normalmente el primogénito varón queda con la herencia; ‘casa y trae la novia a casa’, dejando ésta el lugar de origen… Lo que pasa con el resto de los hijos es diferente: en ocasiones algunas hijas o hijos van como monjas o curas que juran el celibato; algunos se conforman con una dote para que vayan a casar a otra casa o hagan un negocio en la ciudad. Y nuestra sociedad no ha necesitado tener ‘guardianes de las hijas en casa’, pero ha tenido tías solteras que, sin ser hombres, han sido guardianas viviendo en la misma casa”.

Tras este acercamiento a nuestra realidad, Paloma Fernández concluye: “Éste es nuestro sistema, que parece ‘normal’, pero forma parte de un requerimiento de familia troncal y es un tipo de uso que sigue siendo bastante frecuente aquí en determinados lugares.”

En relación al tema sexual de las Burnesha, las personas entrevistadas en Albania por la autora del libro que dio lugar al filme, decían –en palabras de Fernández Rasines– que “los Occidentales tenemos demasiada preocupación con mezclar sexualidad y matrimonio, y también preguntamos demasiadas cosas inapropiadas sobre la sexualidad”. Así, Rasines dice que hay que tener presente que, en efecto, “una cosa es la familia, la reproducción, y otra cosa es la sexualidad”.

Hay que darse cuenta de que el análisis que podamos hacer de estas sociedades y sus usos y costumbres lo hacemos desde el actual enfoque de las libertades individuales, que se desdibujan o no existen en sociedades pre-modernas: “Es muy sutil el enganche de esa libertad individual con el papel dentro del engranaje de la comunidad, que viene muy pautado por la cultura”.

“Como antropóloga, me gusta utilizar esas realidades exóticas para mirarnos en el espejo: no somos muy diferentes… ‘Para raros, nosotros’, como suele decirse. A veces no somos tan distintos en la resolución de cuestiones básicas de organización social”.

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