The Act of Killing, un impactante y peculiar documental sobre el genocidio en Indonesia

12 nov

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La primera película de la IX Muestra de Cine y Derechos Humanos fue ‘The Act of Killing’ (El acto de matar), artificial un peculiar documental sobre el genocidio de más de un millón de personas en Indonesia cuando el gobierno fue derrocado por el ejército en 1965.

Los directores de la cinta proponen a Anwar Congo, cystitis uno de los líderes de los escuadrones de la muerte, illness autodenominado ‘gángster’ o ‘free-man’ (hombre libre), recrear los hechos de aquella época; se trata de una especie de trampa para que tanto él como sus compañeros de armas confiesen ante las cámaras las atrocidades cometidas mientras se sienten estrellas de Hollywood. Para ello, les propone no sólo interpretarse a sí mismos como torturadores, sino meterse en el papel de sus víctimas, algo a lo que acceden como si se tratara de un divertido juego de disfraces.

Esta forma de narración deja desde el primer instante de piedra al público, que no da crédito a una especie de mofa constante de los verdugos, que sin embargo se revelan -gracias a ello- como auténticos salvajes sin remordimientos. Así lo confirman ante las cámaras: “Esto es lo que somos, para que la gente lo recuerde”. Escena tras escena, los autores reales del genocidio van recreando las torturas, extorsiones, violaciones y asesinatos, convencidos de que la cinta vanagloria el pasado y encumbran sus figuras. Llegan a proponer sin pudor: “Por favor, haced que me lleven a La Haya, me haría famoso”.

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Sin embargo, el paramilitar protagonista, Anwar Congo, no deja de realizar un viaje interior que fascina y deja contrariado al público: con el paso de los días de rodaje, sus pesadillas nocturnas por los crímenes cometidos empiezan a ser cada vez más presentes; el pasado le persigue hasta el punto de acabar sintiendo náuseas por el asco a sí mismo y sus acciones.

En la charla posterior a la proyección que realizaron Mikel Berraondo, abogado especializado en derechos humanos y pueblos indígenas, y Felipe Gómez Isa, profesor titular de Derecho Internacional Pu?blico en la Universidad de Deusto e investigador del Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe, analizaron esta catarsis.

“Al principio es un juego, pero se va desgarrando por dentro, y la imagen final es conmovedora aunque en el fondo no se arrepiente de nada. Esta persona, como tantas otras, son victimarios, pero no dejan de ser víctimas. Son víctimas de un engranaje político y económico, de poderes fácticos que están detrás y manipulan a estos pobres hombres. Esto es de lo que habla Hannah Arendt cuando ve el juicio a Eichmann en Israel y dice que «en el fondo es un pobre hombre», aunque estuviera detrás de las cámaras de gas y del holocausto nazi”, cree Felipe Gómez.

El profesor de Derecho Internacional cree que esa ‘lástima’ que parecen despertar de pronto los verdugos puede verse también en este caso: “Aquí, salvando las distancias, pasa algo parecido: en el fondo, estas personas no tienen ningún tipo de poder ni de expectativa, salvo pequeños robos. Pero son los que están detrás los que utilizan a estos pequeños hombres para llevar a cabo sus planes. Ése es el caldo de cultivo político, social e ideológico que hace que estos pobres hombres lleven a cabo estos actos”. El profesor de Derecho Internacional pone como ejemplo al periodista torturador que aparece en el filme y que confesaba: “Un guiño mío y estaban muertos”. Así, Gómez Isa pregunta: “¿Quién estaba detrás? Personajes con poder”.

Otro ejemplo de cómo las personas pueden ser arrastradas a estas circustancias lo plantea Gómez Isa en un caso más reciente. En los años 90, en Sarajevo, “de la noche a la mañana, los vecinos se convirtieron en el enemigo: eran personas normales que, por el azar y porque las circunstancias cambiaron, se convirtieron en asesinos. Es tremendo descubrir que personas normales nos podemos convertir en salvajes, esto lanza un mensaje muy negativo y dramático sobre la naturaleza humana, lo llevamos en nuestro ADN”.

Este análisis interior que hace el protagonista representa para el profesor un “elemento de esperanza”. “Incluso estas personas son conscientes de que algo se está moviendo en el escenario internacional y puede que algún día tengan que rendir cuentas, aunque lo vean de una forma lejana y caricaturesca”, cuando comentan con aparente despreocupación que al menos ir a un tribunal internacional les daría fama.

Gómez Isa plantea otros casos recientes que demuestran que las cosas en ocasiones avanzan: “El Caso Pinochet. Quién iba a pensar que un antiguo jefe de estado como Augusto Pinochet iba a ser puesto en orden de búsqueda y captura e iba a ser detenido. A partir de ahí empieza un proceso muy interesante hacia la afirmación del principio de jurisdicción universal que ha permitido, entre otras cosas, que un colega de Pinochet, llamado Alberto Fujimori [expresidente de Perú], unos años más tarde tuviera que enfrentarse a un juicio en su propio país y actualmente esté en la cárcel”.

El profesor de Deusto proponer poner estos juicios en perspectiva para darnos cuenta de cómo en los últimos años hay señales de que esta impunidad tímidamente empieza a desmoronarse: “En mayo de este año hemos tenido una sentencia histórica: Ríos Montt, expresidente de Guatemala, ha sido condenado por genocidio. Hubiera sido impensable hace 10 ó 15 años que el señor Ríos Montt, antiguo presidente y líder del congreso, de una familia con un gran poder económico, hubiera sido condenado”.

Estos tres ejemplos, confiesa, “no van cambiar el planeta, pero que a mí al menos me hacen albergar una cierta esperanza de que las cosas pueden mejorar. Y esto, los dictadores lo saben, y cada vez son más conscientes de ello”.

Gómez Isa considera que “afrontar el pasado es una asignatura pendiente en todas las sociedades que han tenido hechos dramáticos; y aquí [en España] no somos diferentes, sigue siendo un tema sensible. En este país, después de 70 años, volvemos a hablar de los crímenes de la Guerra Civil y el Franquismo. Cuando yo era joven, creía que esto de las desapariciones era algo que había ocurrido en Argentina y Chile, no sabía que en nuestro país hay 100.000 personas desaparecidas; y ahora algunas de esas fosas se están exhumando”.

En este papel juega un papel fundamental la educación y cómo se presentan los hechos históricos para las nuevas generaciones. Por ello, Felipe Gómez, dice que “la educación es un arma muy poderosa para la mayoría de los regímenes políticos, sean democráticos o dictaduras. En Indonesia a estos personajes se les presenta como héroes que salvaron a Indonesia del comunismo. Es una lectura ideológica que viene a justificar lo injustificable”.

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Por su parte, Mikel Berraondo, de IPES Elkartea, recuerda cómo en el filme los protagonistas asisten a un programa de la televisión pública indonesia para fardar de sus crímenes. Berraondo considera que, en este contexto educativo y de legitimación de los crímenes, “el programa de televisión que aparece en la película es impactante: aparecen en la televisión pública sin ningún tipo de remilgo vanagloriándose de todo lo que hicieron, te muestra un poco el nivel de impunidad” que aún tienen en Indonesia.

Sin embargo, Gómez Isa concluye su análisis volviendo al pequeño elemento de esperanza: “El hecho de que ahora estemos descubriendo lo que pasó en Indonesia hace unas cuantas décadas es un paso. Y que en 95 ciudades de Indonesia se haya estrenado la película, es un paso también”.

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