Objetivo Moscú

31 ene

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, sildenafil
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

El orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, sildenafil
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

El orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, order
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, treatment
contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, decease con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, sildenafil
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

El orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, order
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, treatment
contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, decease con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, health system
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, sildenafil
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

El orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, order
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, treatment
contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, decease con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, health system
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, order
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, sildenafil
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

El orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, order
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, treatment
contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, decease con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, health system
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ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, order
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ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

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De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

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La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, pregnancy
contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, sildenafil
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

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El orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

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De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

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De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

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¡Libertad, order
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La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

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Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

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La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

El orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, order
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, treatment
contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, decease con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

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De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

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Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

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el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

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Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

El orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, order
trabajo y dignidad!
ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, treatment
contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, decease con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

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De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

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Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

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Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

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La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, no rx contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

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ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

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El orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

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De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

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Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

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Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

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Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

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La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, no rx contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

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Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

Bandera tunecina en una de las últimas protestas

¡Libertad, look trabajo y dignidad! ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, medicine
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con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

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Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

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De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

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Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

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afectadas por la construcción de la Presa Chan 75

  • Enero 2011
  • Comunidad Ngöbe de Charco de la Pava (Panamá)

    Conforme avanza la construcción de la presa Chan 75 la situación de las comunidades de Charco de la Pava y Valle Rey se ha deteriorado gravemente.

    La dependencia exterior para la supervivencia de las comunidades es cada vez mayor, case
    hasta el punto de tener que aceptar los contratos de trabajo de la empresa AES Changinola.

    Aunque las comunidades no han renunciado a sus reivindicaciones territoriales, económicas y culturales, el avance del proyecto hidroeléctrico a lo largo de cinco años ha transformado la vida, formas de resistencia e incluso la manera de ver la presa. Ya no se contempla sólo como un proyecto amenazante, sino como una realidad palpable que condiciona el futuro de las comunidades afectadas.

    IPES Elkartea es parte interesada en este caso por el acompañamiento e intervención en defensa de los derechos de las comunidades indígenas afectadas. Por tanto, debido a estas novedades, se ha presentado un documento informativo ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

    Lo ponemos a tu disposición para conocer con mayor detalle la situación de las comunidades de Charco de la Pava y Valle Rey y la actuación de la empresa y el gobierno en el proyecto Hidroeléctrico Chan 75.

    Violación de Derechos Humanos en Charco de la Pava (Panamá) from IPES Elkartea Navarra on Vimeo.

    Bandera tunecina en una de las últimas protestas

    ¡Libertad, sildenafil
    trabajo y dignidad!
    ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

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    De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

    Bandera tunecina en una de las últimas protestas

    ¡Libertad, health system
    trabajo y dignidad!
    ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

    La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

    Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

    Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

    Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

    el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

    Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

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    el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

    Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

    De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org
    treat
    afectadas por la construcción de la Presa Chan 75

  • Enero 2011
  • Comunidad Ngöbe de Charco de la Pava (Panamá)

    Conforme avanza la construcción de la presa Chan 75 la situación de las comunidades de Charco de la Pava y Valle Rey se ha deteriorado gravemente.

    La dependencia exterior para la supervivencia de las comunidades es cada vez mayor, case
    hasta el punto de tener que aceptar los contratos de trabajo de la empresa AES Changinola.

    Aunque las comunidades no han renunciado a sus reivindicaciones territoriales, económicas y culturales, el avance del proyecto hidroeléctrico a lo largo de cinco años ha transformado la vida, formas de resistencia e incluso la manera de ver la presa. Ya no se contempla sólo como un proyecto amenazante, sino como una realidad palpable que condiciona el futuro de las comunidades afectadas.

    IPES Elkartea es parte interesada en este caso por el acompañamiento e intervención en defensa de los derechos de las comunidades indígenas afectadas. Por tanto, debido a estas novedades, se ha presentado un documento informativo ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

    Lo ponemos a tu disposición para conocer con mayor detalle la situación de las comunidades de Charco de la Pava y Valle Rey y la actuación de la empresa y el gobierno en el proyecto Hidroeléctrico Chan 75.

    Violación de Derechos Humanos en Charco de la Pava (Panamá) from IPES Elkartea Navarra on Vimeo.

    Bandera tunecina en una de las últimas protestas

    ¡Libertad, epilepsy
    trabajo y dignidad!
    ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

    La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, diagnosis
    contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, emergency
    con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

    Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

    Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

    Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

    el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

    Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

    De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

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    ¡Libertad, sildenafil
    trabajo y dignidad!
    ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

    La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

    Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

    Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

    El orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

    el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

    Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

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    ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

    La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, treatment
    contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, decease con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

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    Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

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    Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

    De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

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    La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

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    Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

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    Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

    De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

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    ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

    La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

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    Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

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    con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

    Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

    Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

    Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

    el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

    Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

    De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

    Bandera tunecina en una de las últimas protestas

    ¡Libertad, dosage
    trabajo y dignidad! ha clamado la juventud tunecina
    en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

    La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, look
    contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, viagra
    con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

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    Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

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    treat
    afectadas por la construcción de la Presa Chan 75

  • Enero 2011
  • Comunidad Ngöbe de Charco de la Pava (Panamá)

    Conforme avanza la construcción de la presa Chan 75 la situación de las comunidades de Charco de la Pava y Valle Rey se ha deteriorado gravemente.

    La dependencia exterior para la supervivencia de las comunidades es cada vez mayor, case
    hasta el punto de tener que aceptar los contratos de trabajo de la empresa AES Changinola.

    Aunque las comunidades no han renunciado a sus reivindicaciones territoriales, económicas y culturales, el avance del proyecto hidroeléctrico a lo largo de cinco años ha transformado la vida, formas de resistencia e incluso la manera de ver la presa. Ya no se contempla sólo como un proyecto amenazante, sino como una realidad palpable que condiciona el futuro de las comunidades afectadas.

    IPES Elkartea es parte interesada en este caso por el acompañamiento e intervención en defensa de los derechos de las comunidades indígenas afectadas. Por tanto, debido a estas novedades, se ha presentado un documento informativo ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

    Lo ponemos a tu disposición para conocer con mayor detalle la situación de las comunidades de Charco de la Pava y Valle Rey y la actuación de la empresa y el gobierno en el proyecto Hidroeléctrico Chan 75.

    Violación de Derechos Humanos en Charco de la Pava (Panamá) from IPES Elkartea Navarra on Vimeo.

    Bandera tunecina en una de las últimas protestas

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    ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

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    con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

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    el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

    Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

    De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

    Bandera tunecina en una de las últimas protestas

    ¡Libertad, order
    trabajo y dignidad!
    ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

    La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, treatment
    contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, decease con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

    Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

    Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

    Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

    el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

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    Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

    el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

    Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

    De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

    Bandera tunecina en una de las últimas protestas

    ¡Libertad, injection
    trabajo y dignidad!
    ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

    La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, pills
    contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

    Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

    Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

    Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

    el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

    Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

    De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org
    treat
    afectadas por la construcción de la Presa Chan 75

  • Enero 2011
  • Comunidad Ngöbe de Charco de la Pava (Panamá)

    Conforme avanza la construcción de la presa Chan 75 la situación de las comunidades de Charco de la Pava y Valle Rey se ha deteriorado gravemente.

    La dependencia exterior para la supervivencia de las comunidades es cada vez mayor, case
    hasta el punto de tener que aceptar los contratos de trabajo de la empresa AES Changinola.

    Aunque las comunidades no han renunciado a sus reivindicaciones territoriales, económicas y culturales, el avance del proyecto hidroeléctrico a lo largo de cinco años ha transformado la vida, formas de resistencia e incluso la manera de ver la presa. Ya no se contempla sólo como un proyecto amenazante, sino como una realidad palpable que condiciona el futuro de las comunidades afectadas.

    IPES Elkartea es parte interesada en este caso por el acompañamiento e intervención en defensa de los derechos de las comunidades indígenas afectadas. Por tanto, debido a estas novedades, se ha presentado un documento informativo ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

    Lo ponemos a tu disposición para conocer con mayor detalle la situación de las comunidades de Charco de la Pava y Valle Rey y la actuación de la empresa y el gobierno en el proyecto Hidroeléctrico Chan 75.

    Violación de Derechos Humanos en Charco de la Pava (Panamá) from IPES Elkartea Navarra on Vimeo.

    Bandera tunecina en una de las últimas protestas

    ¡Libertad, epilepsy
    trabajo y dignidad!
    ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

    La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, diagnosis
    contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, emergency
    con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

    Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

    Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

    Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

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    Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

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    trabajo y dignidad!
    ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

    La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

    Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

    Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

    Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

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    El informe, presentado en diciembre en la Universidad Nacional del Comahue, supone una detallada radiografía de la situación de los derechos del pueblo mapuche en la provincia argentina de Neuquén. Es el segundo informe que presenta el Observatorio de Derechos Humanos de Pueblos Indígenas. El anterior se realizó en 2008.

    una detallada radiografía de la situación de los derechos del pueblo mapuche en la provincia argentina de Neuquén

    Ambos son fruto del trabajo conjunto que IPES Elkartea desarrolla desde hace tres años largos tanto con el Observatorio como con la Confederación Mapuce de Neuquén. Es un proyecto apoyado económicamente por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, el Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Pamplona.

    Imagen de la presentación del Informe en Neuquén

    Nuestro compromiso y acompañamiento se extiende también al diseño de diferentes estrategias de defensa de los Derechos Humanos ante mecanismos internacionales, entre ellos la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial. Además, trabajamos en impulsar propuestas de capacitación. En esta línea, se van a llevar a cabo diversos talleres sobre los derechos de los pueblos indígenas, dirigidos a jueces, fiscales y operarios de la justicia.

    Por otro lado, seguimos afianzando nuestras relaciones con el pueblo mapuce, incluidos los kohas (jóvenes), con quienes mantuvimos encuentros y debates en nuestros viajes a Neuquén.

    >> Conoce cómo fue la presentación del Informe en la web del Observatorio de Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas.

    Bandera tunecina en una de las últimas protestas

    ¡Libertad, sildenafil
    trabajo y dignidad!
    ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

    La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

    Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

    Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

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    el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

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    el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

    Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

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    La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

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    Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

    el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

    Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

    De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

    Bandera tunecina en una de las últimas protestas

    ¡Libertad, order
    trabajo y dignidad!
    ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

    La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

    Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

    Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

    Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

    el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

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    contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

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    treat
    afectadas por la construcción de la Presa Chan 75

  • Enero 2011
  • Comunidad Ngöbe de Charco de la Pava (Panamá)

    Conforme avanza la construcción de la presa Chan 75 la situación de las comunidades de Charco de la Pava y Valle Rey se ha deteriorado gravemente.

    La dependencia exterior para la supervivencia de las comunidades es cada vez mayor, case
    hasta el punto de tener que aceptar los contratos de trabajo de la empresa AES Changinola.

    Aunque las comunidades no han renunciado a sus reivindicaciones territoriales, económicas y culturales, el avance del proyecto hidroeléctrico a lo largo de cinco años ha transformado la vida, formas de resistencia e incluso la manera de ver la presa. Ya no se contempla sólo como un proyecto amenazante, sino como una realidad palpable que condiciona el futuro de las comunidades afectadas.

    IPES Elkartea es parte interesada en este caso por el acompañamiento e intervención en defensa de los derechos de las comunidades indígenas afectadas. Por tanto, debido a estas novedades, se ha presentado un documento informativo ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

    Lo ponemos a tu disposición para conocer con mayor detalle la situación de las comunidades de Charco de la Pava y Valle Rey y la actuación de la empresa y el gobierno en el proyecto Hidroeléctrico Chan 75.

    Violación de Derechos Humanos en Charco de la Pava (Panamá) from IPES Elkartea Navarra on Vimeo.

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    con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

    Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

    Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

    Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

    el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

    Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

    De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org

    Bandera tunecina en una de las últimas protestas

    ¡Libertad, pancreatitis
    trabajo y dignidad!
    ha clamado la juventud tunecina en la calles desde hace un mes. Le ha seguido buena parte de la población. Han presionado al régimen hasta provocar el derrocamiento del todopoderoso presidente Ben Ali.

    La injusticia social y un Estado despótico figuran entre las causas del descontento. Baja productividad del sector público; alza de los precios y reducción de las subvenciones a los productos de consumo básicos y a los servicios sociales; degradación de la industria y dependencia en productos industriales y alimentos de la Unión Europea; aumento de la deuda externa, contraída para poner en marcha la industria y las infraestructuras, con el consiguiente ahogo financiero…Son características de la economía tunecina, trasladables a todo el Magreb. No obstante, el crecimiento de Túnez alcanza un 3,7 %, pero ocupa el 81º puesto en el Índice de Desarrollo Humano de una lista de 169 países. Es decir, los ingresos no se reparten equitativamente. Suelen acabar en las arcas de las elites – nacionales y extranjeras – ligadas al régimen mediante clanes familiares y redes clientelistas, comerciales y burocráticas. Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte.

    Los disturbios comenzaron en el centro y el sur del país, marginados de un desarrollo concentrado en las ciudades del norte

    Demografía y economía van de la mano. El incremento de población (un 56 % tiene menos de 20 años) está acompañado por unas condiciones de vida difíciles. El mercado laboral es incapaz de absorber a todas las personas en edad de trabajar. Muchas de ellas se suman a distintas formas de economía informal, al paro crónico (30 % de los jóvenes) y a la emigración. Precisamente, todo comenzó con el suicidio a lo bonzo de un joven licenciado (60 % en paro), Mohamed Buazizi, que sólo podía trabajar en un puesto ambulante de frutas y verduras y a quien además acosaba la policía. El proceso de urbanización acelerada ha originado un gran déficit de viviendas y servicios sociales; la disolución de la familia tradicional y sus lazos de solidaridad; el desarraigo y la aculturación; nuevos estilos de vida y consumo, a los que únicamente pueden acceder las capas sociales más privilegiadas. Se reducen las salidas laborales y la movilidad social. Por tanto, es inevitable que surjan el conflicto y la protesta.

    Mujer protesta en TúnezEl orden socio-político de Túnez se ha basado en una concepción jerárquica de la política. En 1987, tras deponer al líder histórico Habib Burguiba en un golpe palaciego, Ben Ali instauró un régimen presidencialista, con un sistema electoral manipulado, que ha dado siempre cerca del 95 % de los votos a su partido. Ha concentrado cada vez más poder en un régimen unipersonal y familiar, en el que un Parlamento domesticado concedió prácticamente un mandato perpetuo y total inmunidad al presidente Ben Ali. Su presencia se ha manifestado en un agobiante culto a la personalidad y en un Estado coercitivo que ha tutelado y ahogado la sociedad civil. En este autoritarismo se han integrado formaciones políticas y múltiples asociaciones, partidarias del régimen o consentidas, en la medida que no crearan problemas. Sin embargo, las libertades políticas y de expresión han disminuido de forma alarmante a lo largo de los años: primero se prohibió la participación de los islamistas; más tarde del resto de la oposición independiente; al final, de cualquier colectivo social crítico que aspirara a ser autónomo del régimen. La mayoría de la población no cuenta y expresa un sentimiento de desconfianza ante una democratización que nunca llega plenamente.

    el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales, incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político

    Todos hemos desviado la mirada. Turistas que – como nuevos colonos – disfrutamos del regateo humillante y de los hoteles, playas y desiertos, a la vez que olvidamos cómo esa modernidad a la “europea” oculta desigualdades e imposiciones. Por descontado, Occidente y, desde luego, otros Estados árabes – tan autoritarios como el régimen tunecino – han admitido la degradación de la situación social y el recorte de los derechos en Túnez, mientras sus empresas obtenían beneficios y se contuviera a los movimientos islamistas.

    De la crispación se ha pasado a la incertidumbre. Un aviso: el consenso nacional debería abarcar a todas las fuerzas políticas y sindicales (la poderosa central UGTT ha apoyado las movilizaciones), incluida la oposición en el exilio, sobre todo el islam político. Sin un gobierno representativo de todos los actores, que asegure las libertades, frene el empobrecimiento y distribuya las rentas con justicia, sólo habremos asistido a un reajuste del poder político y económico entre los dirigentes. Entonces, el estallido social será más amplio y radical. También una invitación. Las libertades y derechos se pulsan asimismo en las redes on line. Cuatro millones de internautas en Túnez. Valga un ejemplo: www.nawaat.org
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    El informe, presentado en diciembre en la Universidad Nacional del Comahue, supone una detallada radiografía de la situación de los derechos del pueblo mapuche en la provincia argentina de Neuquén. Es el segundo informe que presenta el Observatorio de Derechos Humanos de Pueblos Indígenas. El anterior se realizó en 2008.

    una detallada radiografía de la situación de los derechos del pueblo mapuche en la provincia argentina de Neuquén

    Ambos son fruto del trabajo conjunto que IPES Elkartea desarrolla desde hace tres años largos tanto con el Observatorio como con la Confederación Mapuce de Neuquén. Es un proyecto apoyado económicamente por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, el Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Pamplona.

    Imagen de la presentación del Informe en Neuquén

    Nuestro compromiso y acompañamiento se extiende también al diseño de diferentes estrategias de defensa de los Derechos Humanos ante mecanismos internacionales, entre ellos la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial. Además, trabajamos en impulsar propuestas de capacitación. En esta línea, se van a llevar a cabo diversos talleres sobre los derechos de los pueblos indígenas, dirigidos a jueces, fiscales y operarios de la justicia.

    Por otro lado, seguimos afianzando nuestras relaciones con el pueblo mapuce, incluidos los kohas (jóvenes), con quienes mantuvimos encuentros y debates en nuestros viajes a Neuquén.

    >> Conoce cómo fue la presentación del Informe en la web del Observatorio de Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas.

    Catedral de San Basilio en Moscú por stagod

    Los atentados terroristas en Rusia son casi una cita semestral obligada. Sus características principales son ocasionar un elevado número de víctimas civiles y tener por escenario más frecuente la capital rusa. Se desconocen los autores de la matanza pero, cialis en cualquier caso, urticaria
    el horror no tiene justificación alguna.

    Cobra fuerza la sospecha de que los responsables son miembros del grupo yihadista dirigido por Doku Umarov, líder del “Emirato del Cáucaso Norte” y antiguo lugarteniente del fallecido Shamil Basayev, uno de los cabecillas más famosos de la guerrilla independentista chechena.

    Su propósito ha sido lograr mayor eco mediático con más víctimas y extender el sufrimiento a la capital de la Federación Rusa para demostrar, en última instancia, que no se ha solucionado todavía el “problema checheno”.

    Tras el período de independencia “de facto” de Chechenia entre 1996 y 1999, el jefe de Gobierno Aslan Masjadov controlaba muy pocas cosas. Existía una situación generalizada de caos y luchas interclánicas. El gobierno ruso dirigido entonces por un desconocido primer ministro llamado Vladimir Putin, inició una nueva guerra para dominar a la pequeña república secesionista. No se cometieron los errores de la anterior guerra acaecida de 1994 a 1996. El poder ruso organizó una campaña militar devastadora, con la participación principal de unidades militares formadas por soldados mercenarios. La “normalización” posterior consistió en atraerse a una parte importante de los guerrilleros independentistas, liderados primero por Ahmad Kadirov, y tras su muerte por su hijo, Ramzam. Ellos pasaron a detentar el poder de la nueva Administración chechena y a dirigir la mayoría de las actuaciones bélicas y policiales para someter a los guerrilleros que desafiaban a Moscú. Fue la gran jugada de Putin: el enfrentamiento entre Rusia y Chechenia se convirtió en una guerra civil entre diferentes sectores de la sociedad chechena, donde el peso de los clanes es de capital importancia.

    El cambio de bando de muchos guerrilleros independentistas chechenos se manifestó por el aislamiento, debilidad e ineficacia del gobierno legítimo de Aslan Masjadov desde el otoño de 1999. También por el peso creciente de la guerrilla independentista encabezada por Shamil Basayev, que abrazaron las propuestas de los grupos yihadistas e introdujeron en la sociedad chechena una práctica rigorista del Islam totalmente ajena a la tradición del Cáucaso Norte, donde un Islam tolerante y las cofradías sufíes eran el elemento articulador de la comunidad. Por eso un sector significativo de los clanes chechenos, contrarios al yihadismo, siguieron en su cambio de bando al muftí, es decir, a la máxima autoridad religiosa, Ahmad Kadirov. Otro factor indudable fue el cansancio de la población de Chechenia tras varios años de muerte, horror, pobreza y sufrimiento, ocasionados por las guerras de los años 90 y 2000.

    El objetivo de estos grupos pasó de ser la consolidación de la independencia de Chechenia a preferir la formación del llamado “Emirato del Cáucaso Norte”.

    Los grupos guerrilleros lucharon a partir de entonces contra las fuerzas armadas rusas y además contra los “kadirovski”, sus antiguos compañeros de armas, ahora obedientes indirectos de Moscú y sumisos plenamente a la familia Kadirov. Se incrementó la espiral de venganzas, en aplicación de la tradicional ley de la Montaña. Los cabecillas de la guerrilla independentista fueron liquidados en varias operaciones militares entre 2004 y 2006. El objetivo de estos grupos pasó de ser la consolidación de la independencia de Chechenia a preferir la formación del llamado “Emirato del Cáucaso Norte”. Es decir, se convirtieron en grupos yihadistas, con milicianos de Chechenia y también de Daguestán, Ingushetia, Kabardino-Balkaria o Karachayevo-Cherkesia.

    En los últimos años, la disminución de efectivos combatientes, la fatiga de largos años de guerra y la pérdida progresiva de apoyo social ha transformado una guerra de guerrillas focalizada en las montañas del sur e incursiones en pueblos y ciudades en una sucesión de atentados terroristas, cada vez más frecuentes en otras repúblicas del Cáucaso Norte y en ciudades rusas, principalmente Moscú. Su propósito ha sido lograr mayor eco mediático con más víctimas y extender el sufrimiento a la capital de la Federación Rusa para demostrar, en última instancia, que no se ha solucionado todavía el “problema checheno”.

    Pero tampoco olvidemos que el puño de hierro del régimen pro-ruso de Ramzam Kadirov en Chechenia no hace ascos a la corrupción y a una absoluta ausencia de respeto a los derechos humanos. Se sospecha su mano en los asesinatos de la periodista Anna Politkovskaya y de la activista Natalia Estemirova. Sin embargo, es preciso reconocer que Chechenia, devastada hace poco más de cinco años, ha sido reconstruida en gran medida y se aprecia cierta “normalidad”. Eso sí, gracias a enormes cantidades de dinero procedentes del presupuesto federal ruso. Los negocios oscuros ocupan una parte principal del engranaje económico checheno y la obediencia de Kadirov al Moscú es objeto de discusión entre diversos asesores del primer ministro Putin y del presidente Medvedev. Ven en Kadirov al perro que pueda morder quizás la mano de quien le da de comer.

    Foto: stagod/Gordana Mirkovic

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    1. […] Aznar Auzmendi (licenciado en Historia y vocal del Colegio de Doctores y Licenciados de Navarra) y Juan Miguel Vicente Errea, profesor especializado en Rusia y Europa Oriental. Presenta y […]

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